Sonrisas tras el burka

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(Tiempo estimado: 3 - 6 minutos)

Un recorrido por algunas películas dirigidas en el medio oriente, y la forma en que las mujeres aparecen representadas en sus films.

Por Adriana Morán Sarmiento*

Panj è asr

Los limoneros (Etz Limon, 2008) debe ser una de las películas del cine israelí que trata mejor el tema de la mujer. Mujer en conflicto bélico, en conflicto existencial.

 

Dirigida por el siempre atrevido Eran Riklis, la película suma elementos para constatar, una vez mas, cuan afectado se ve el sexo femenino en los países del medio oriente, donde impera una sociedad marcada por el machismo y la intolerancia. Reiteración, mas no cliché.

 

La historia de unos limoneros que se convierten en una amenaza a la seguridad nacional israelí, fue la excusa para que Riklis, continuando con lo que comenzó cuatro años antes con La novia siria, contara su versión de la realidad. “Nada es blanco o negro”, según dijo alguna vez a la prensa.

 

En Los limoneros se yuxtaponen las historias de dos mujeres en la frontera Israel-Cisjordania: una viuda que vive solo para sus plantas de limones (interpretada por la afamada Hiam Abbass) y la esposa del ministro israelí, ambas angustiadas por la soledad y el miedo, encerradas en sus búnkeres culturales. Dos mujeres separadas por una muralla y unidas por un contexto social insoslayable.

Sumisa, impasible y esperanzada es la imagen de la mujer que impera en el cine del medio oriente. Historias duras que merecen ser contadas, muchas veces incluso con un toque de humor. En Niwemang (Media luna, 2006) el iraní Bahman Ghobadi cuenta la historia de Mamo, un sexagenario cantante de renombre, que ha conseguido un permiso para dar un concierto en el Kurdistán iraquí junto con una banda de músicos que deberá reunir después de varios años de separación. Pero la historia, muy divertida por cierto, da un giro cuando Mamo se empeña en llevar al viaje a Hesho, una cantante exiliada que debe pasar de incógnito por la frontera ya que está prohibido a las mujeres iraníes cantar en público, especialmente en compañía de hombres.

 

Bahman Ghobadi, uno de los mas aclamados directores del nuevo cine iraní, tiene acostumbrado a su público a ver historias muy crudas y realistas, como Turtles can fly (2004). Son películas que consumen un poco el alma, pero que gustan por la crítica siempre presente, la realidad que no calla a pesar de la industria. En Media luna, llamada así por la pandereta que se usa en la música iraní, el tema “género” se suaviza con el júbilo de las mujeres cantantes. Es como si, desde siempre, la definición de mujer está asociada a los conceptos de alegría y esperanza.

 

Esta idea se repite mucho en el cine oriental: vemos a un divertida y alentadora Marje en Persépolis (Marjane Satrapi, 2007) o en la rueda de esposas bailarinas de La fuente de las mujeres (Radu Mihaileanu, 2011)