La lección del carnero

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NOVELA

Baila, baila, baila

Autor: Haruki Murakami

Tusquets. Buenos Aires, 2012

464 páginas.

“Baila, baila, baila”, el último título publicado de Murakami, fue escrito en la década del 80 y editado en 2012 por Tusquets con bombos y platillos como una de las mejores novelas de Murakami.  Algunas reseñas señalaron que en este libro el lector se encontraría con “el Murakami más esperado” o el “mejor Murakami”. Decepción importante para quienes asuman esto como algo distinto de una operación publicitaria.


Si Murakami tenía algo tan bueno entre manos, al menos da para pensar que lo haya guardado durante tres décadas sin publicarlo. Quienes decidimos seguir con interés al autor de “Tokyo Blues”, “La caza del carnero salvaje”, “Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo”, “Kafka en la orilla”, sólo por disciplina lectora avanzamos más allá de las cien primeras páginas, donde más que presentar los primeros elementos de una trama, la historia parece preguntarse hacia dónde seguir.


En esta novela, su protagonista, de quien nunca sabemos el nombre, luego de terminar una relación sentimental,  siente la necesidad de regresar a un lugar de su pasado, el Hotel Delfín, donde  había vivido un tiempo con una mujer que desapareció repentinamente. Viaja a la ciudad donde se encontraba ese hotel. Allí descubrirá que en su lugar se yergue otra construcción hotelera, lujosa, de muchos pisos, con el mismo nombre, y alrededor del hotel original y de quien fuera su dueño se levanta un muro de silencio que incitará al protagonista a seguir en su búsqueda, que es al mismo tiempo la búsqueda de la misteriosa desaparecida. Para ello, se aloja en el nuevo hotel Delfín, y a partir de allí comenzará a aparecer el elenco de personajes de esta extensa novela. Entre ellos, el hombre carnero, que habita en alguna dimensión del nuevo edificio y que fungirá como una suerte de oráculo, dándole al joven la consigna: “Baila, no dejes de bailar mientras suena la música. No pienses porqué lo haces. No le des vueltas ni busques significados. Si te pones a pensar las piernas se detienen.”


A partir de entonces el protagonista inicia un periplo, con mucho de errancia, donde  aparecen algunos personajes que, excepto una niña llamada Yuki o un amigo actor, poco tienen de complejos. El mismo protagonista no es interesante: el lector se entera a través del discurso de quienes lo rodean que es un tipo “raro”, que vive “en la luna” o “en otro planeta”, pero más que su deambular en busca de algo en el pasado, en busca de algo que parece estar muerto en él mismo –hecho que lo hermanaría con tantísimos humanos- , es difícil hallarle algún atributo extraordinario. Los instantes de realidad dislocada que plantea la novela, no por tales debieran ser inverosímiles; sin embargo, impresionan como si Murakami hubiera fallado en el intento de construir con el lenguaje una supra realidad o realidad paralela, eso que tan bien logra en otras obras, como “Kafka en la orilla”. Luego de la irrupción de la niña Yuki, la historia cobra cierto grado de interés si se lee en clave de thriller metafísico, y sobrevolando la inclusión de tópicos y escenarios injustificados, que no terminan de desplegarse ni explicarse más que como un capricho.


Al igual que el protagonista de “Tea Bag” (novela de Henning Mankell), que parecería estar denunciando el fenómeno de la maquinaria editorial que obliga a un autor “consagrado” a publicar incluso cuando no tenga nada que decir, en este libro de Murakami aparece un personaje escritor (Hiraku Makimura) que, en el mejor de los casos, es quien le pide perdón al lector de “Baila, baila, baila”. Y en el peor de los casos se burla de él por los $136 erogados en la compra de este libro (algo así como u$s 27 al cambio argentino): este personaje, el padre de Yuki, es descripto como un escritor laureado que, luego de escribir dos o tres buenas novelas, ha perdido todo el talento.

 

Ana Quiroga Larrieu

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