JORGE BOCCANERA: Vuelo de halcón peregrino

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Con Jadeo del Viaje, recientemente presentado en Buenos Aires, el poeta y periodista argentino Jorge Boccanera vuelve a ofrecernos su palabra “contra la destrucción de la esperanza”, tal como la describiera Juan Gelman. Además, el escritor respondió sobre la relación entre poesía y política, la existencia de un sustrato cultural común a los pueblos latinoamericanos y los “golpes de guante blanco” que interrumpieron procesos democráticos en Paraguay y en Honduras.

Por Ana Quiroga Larrieu*

Boccanera

A punto de partir de viaje nuevamente, en esa errancia perpetua que ya es parte constitutiva de su vida y sus textos, Jorge Boccanera (Bahía Blanca, 1952) nos habló sobre la nueva edición de Jadeo del Viaje, un CD con 48 poemas que brinda un panorama de su obra. La selección incluye textos de la mayoría de sus libros de poesía (exceptuando los de Palma real), desde Los espantapájaros suicidas (1973) hasta Bestias en un Hotel de paso (2002).  

 

La obra es el séptimo título de la colección "La palabra", del sello musical mexicano Pentagrama, colección también conformada por antologías poéticas de otros autores latinoamericanos recitados en su propia voz: el argentino Juan Gelman, Roque Dalton de El Salvador, Juan Bañuelos de México, Otto Raúl González de Guatemala y Antonio Preciado de Ecuador.

 

Poeta, ensayista, letrista, dramaturgo, periodista, editor, Jorge Boccanera continúa marcando una huella profunda en la poesía argentina, mientras que expresa su compromiso profundo con el estudio y difusión de los poetas latinoamericanos. Con tan solo 23 años, publicó su segundo libro (Contraseña, 1976) que le valió el prestigioso premio Casa de las Américas, al tiempo que el trago amargo del exilio.  Inicia entonces un largo viaje que lo llevará a vivir en distintos países de América, donde al tiempo que ejerció el periodismo comprometido, denunciando los crímenes de la dictadura militar, continuó con el desarrollo de su prolífica producción, publicada en Perú, Chile, México, Costa Rica, Cuba, Uruguay y Argentina.

 

En 1984, con el advenimiento de la democracia, regresa a Buenos Aires y concluye Polvo para morder, editado en 1986. A esta obra le siguió Sordomuda (1991) y una década después Bestias en un hotel de paso, poemario del que Lautaro Ortiz (en prólogo a Marimba, Colihue,  2006) señala: "Todo Boccanera está concentrado en ese libro: el humor y el grotesco, la memoria y el tiempo, la soledad y el erotismo."

 

-¿Qué tenés para decirnos en Jadeo del Viaje?
-Es una antología con unos 50 poemas; podría considerarse un panorama de lo que escribo desde que en 1973 publiqué Los espantapájaros suicidas, mi primer libro, hasta Bestias en un hotel de paso, el penúltimo, editado en 2002. Faltan textos de Palma Real, que es del 2008 y no entró en este trabajo.

Como panorama, Jadeo del Viaje es una muestra de mis búsquedas, mis temas –el tiempo, el exilio, la pasión, la creación- y de las herramientas con las que pretendo expresarme. Por otra parte, el título alude a mis recorridos por distintos países de América Latina, que han enriquecido mi percepción de la vida, sufrida pero también maravillosa en esta parte del continente. El CD salió en 2008 y se acaba de reeditar en el sello Pentagrama, de México.

 

 -¿Puede la poesía no ser política?
-El lenguaje es un instrumento social, somos seres inmersos en una coyuntura y una época determinada. Rimbaud estuvo en la comuna de París. Los grandes poetas latinoamericanos –Vallejo, Tuñón, Guillén, Huidobro, Vidales, Cardoza, De Rokha- tuvieron férreas posiciones políticas, incluso Girondo llegó a pronunciarse sobre nuestros ferrocarriles y nuestro petróleo.

En un poema de Palma Real digo en clave de parodia: “El vuelo del halcón peregrino escribe un poema político. / Los arrecifes de coral  -sumergidos fuegos de artificio-/ escriben un poema político./ Cuando el tucán arcoiris da su mejor perfil, escribe un poema político”.

 


-¿Cómo significás hoy el tema del exilio, el tuyo propio?
-Me tuve que ir del país en junio del 76. A dedo y en colectivo recorrí varios países -Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, El Salvador y Guatemala- para llegar a México a fines de ese año. Tenía 23 años. El dato no es menor, ya que no es lo mismo exiliarse joven que a los 50, que era la edad promedio de algunos escritores con los que me juntaba en México: Pedro Orgambide, David Viñas, Humberto Costantini, Alberto Adellach, Gregorio Selser. Seguro en ellos pesaba mas el interrogante de dónde va uno a morir.

Con algunos de ellos fundamos la editorial Tierra del Fuego y denunciamos en todos los espacios que encontramos las atrocidades de la represión militar. Al destierro puede vérselo desde ángulos distintos que van de la vida cotidiana a una metafísica del vacío: se vive en dos registros diferentes. Es un tema que creo aun pendiente en la sociedad argentina. Escribí el libro Tierra que anda con numerosos escritores exiliados narrando su peripecia. En lo personal, la desgracia de vivir lejos del país y de los afectos, se compensaba con el aprendizaje constante. Dado que estaba en una época de formación, me enriqueció el contacto con otras realidades.

 

Ese tema que Boccanera considera aun pendiente en Argentina, la cuestión de los autores exiliados a partir de 1976 por la dictadura militar, fue abordado por él mismo en su obra Tierra que se anda. En ella incluye conversaciones con escritores argentinos exiliados, un diálogo con el paraguayo Augusto Roa Bastos, además de ensayos, cartas, testimonios, poemas y narraciones.

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