Un poema de Irene Gruss

el .

(Tiempo estimado: 2 - 3 minutos)

Incluido en “Notas para una tanza”, publicado a fines de 2012.

Pasaje

barrita
Es un gran pintor Ezra, dijo el tío, sólo
que cuando el pincel está ya sin pintura
no vuelve a la paleta, lo aplica seco,
pincelada tras pincelada, seco como el río
de sus sueños (...)
 Jorge Aulicino

Cuando ya no importe

el cuerpo, la humillación de los dientes,

las estrías, la flojedad de un pensamiento

desnudo, humillado como el cuerpo,

y eso que percute y que todos llaman deseo, mi Dios,

¿existe palabra así prosaica o ruin? Cuando no importe el sentido,

raspa la tela del sentido un pincel seco,

nada más que cerda, restos del pincel

que raspan una tela, vacía, por fin, he llegado al blanco absoluto,

al defecto.

Cuando no importe,

ni siquiera alcance ni

impresione, mucho menos esto

que algunos creen la flor de la expresión,

Dios mío, qué será eso

sino apenas la burla

o la oquedad de algo parecido

a hemorroides, agua bajo el puente,

humillación, decía. Y no importe

la luz,

nada menos que la luz,

era de día y holgazaneábamos

mirando el cielo entre las copas de los árboles,

abedules en cine ruso; soviético, para ser clara.

Y no importe evidentemente la historia

o el dolor de la historia

o los hechos en sí,

sin perspectiva,

como esa tela raspada, violentada

por un pincel seco, olvidadizo,

a cubierto de la repetición

y del miedo

a morir, a que mueran, a

los que murieron sin mí,

y a los que viven sin mí, o cómo puedo estar

sin los que viven, y ya

no importe el color de la cortina, su revoloteo,

eso que pasa no importe

porque no importa el cuerpo

lineal en cada cosa

sobrentendida, sin lucha,

casi perdida o humillada. Y el pasaje no sea mensaje.

 

(En “Notas para una tanza”. Editorial Gog y Magog. Buenos Aires, 2012)