Polvo de naúfragos

el .

Un cuento inédito de Alejandro Perandones*

 

cabo Juan thumbs

sabaleritalinda: y si gana veles? – nunca aprendió a escribirlo con z. Lo del acento, a esta altura, le parecía un lujo asiático. -Mejor, si es un poco tonta mejor-se decía. Si fuera más piola no le daría bola a él.
el_salmon: si gana Vélez te ponés lo que yo quiera

sabaleritalinda: y que queres que me ponga

el_salmon: la tanga que usás en la cancha

sabaleritalinda: ja

el_salmon: …

sabaleritalinda: y arriba

el_salmon: arriba qué

sabaleritalinda: que me pongo arriba 

el_salmon: arriba no te pongas nada

sabaleritalinda: ja

el_salmon: …

sabaleritalinda: tas loco

el_salmon: por vos

sabalertitalinda: corazonsito! –cómo puede estar tan buena una mina así de bruta.

el_salmon: …

sabaleritalinda: daleee que me pongo arriba

el_salmon: te llevás la ropa de fajina a tu casa?

sabaleritalinda: si

el_salmon: entonces ponete la camisa que tenés en la foto

sabaleritalinda: que foto

el_salmon: donde estás con dos amigas en el tanque de guerra

sabaleritalinda: esa queres?

el_salmon: sí ¿podés conseguir el tanque el finde?

sabaleritalinda: jaja

el_salmon: si no podemos tener el tanque ¿tendremos guerra?

sabaleritalinda: jaja estas cada día más loco

el_salmon: es que vos estás cada día más linda

sabaleritalinda: sos un amorcito…

el_salmon: ¿podrás tener un casco?

sabaleritalinda: es difícil, no lo podemos sacar. Aparte me arruina el pelo. Me lo tengo que recoger

el_salmon: déjame a mí eso

sabaleritalinda: que

el_salmon: lo de recoger

sabaleritalinda: ja sarpado!! –lo de las eses es una batalla perdida.

el_salmon: es el amor, me pone así

sabaleritalinda:

Sale frecuentemente -no tanto como le gustaría- con mujeres que conoce por Internet. La rutina es siempre la misma: arranca aburrido, con ánimo de llenar horas vacías y casi siempre, una persona sin cara, sin pasado, sin nombre, se instala un tiempito como alguien especial. Una mujer con quien, si no se alcanza a soñar, se pueda al menos espantar el tedio de las noches sin plan.

Cuando los encuentros se concretan transitan por los mismos libretos: una magia simulada, cierta empatía a empujones, a veces una intimidad prematura.

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