1959

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(Tiempo estimado: 3 - 6 minutos)

Miles Davis, Dave Brubeck, Charles Mingus, John Coltrane y Bill Evans y cinco discos producidos por ellos en 1959, son presentados como representativos de este año, por el alcance y la influencia que esas obras han tenido para la historia del jazz y otros estilos sonoros.


Por Facundo Selfeni* / Catriel Rivadero**

Mientras las corrientes conservadoras cedían a las incipientes nuevas formas de participación social –encarnadas, en esta época, por mujeres yanquis histéricas con Elvis- una plataforma de creadores bajaba desde el Olimpo de las academias para empapar al pueblo con innovaciones estéticas  que cambiaron los paradigmas musicales y las búsquedas artísticas de varias generaciones. Está claro, hablamos de jazz. Y de 1959, un año de ruptura para la historia de la música.

 

En los pequeños clubes de la ciudad de Nueva York se estaba gestando una revolución. Cambiaban los músicos, los colores, los instrumentos. Las grandes orquestas de jazz habían pasado de moda, y los grupos con menos integrantes estaban tomando gran renombre a medida que la década del 50 avanzaba. Inspirados en los “hot five” o los “hot seven” de Louis Armstrong, en los grupos de Charlie Parker, Thelonius Monk o en las mágicas sesiones  de 1949 de Miles Davis con su noneto (conocidas como “Birth of the Cool”), los grupos pequeños de jazz surgían por doquier: Modern Jazz Quartet, el Miles Davis Quintet, los diversos grupos camerísticos de Charles Mingus, Bill Evans y sus tríos, y demás vanguardistas.

 

El mercado norteamericano empezaba a cambiar la forma de difundir y comercializar la música, al ritmo de las innovaciones tecnológicas. Muchos discos que hoy alcanzan el estatus de “imprescindibles”, “obras maestras” o cualquier título que se les quiera poner, hubieran sido imposibles de crear sin las condiciones de la época. El mercado, en ese entonces, estaba a merced de los artistas, por lo que las grandes discográficas invertían fuerte en nuevas expresiones musicales que rompieran el molde. El vil metal, en este caso, permitió achicar distancias geográficas y raciales.

 

A continuación, ofrecemos el análisis de estos cinco discos, quizá los mas sobresalientes, paradigmáticos y representativos de ese año fundamental.  Al margen de lo excepcional, hemos tenido en cuenta el alcance y la influencia que estas obras han tenido para la historia no solo del jazz, sino de cualquier estilo sonoro, tanto del ámbito popular como del académico.

 

(Aclaración: el orden de los discos no responde a ninguna clase de jerarquización. Bueno, por ahí el que sigue sea la excepción)


Miles

Miles Davis – “Kind of Blue”

Demasiado hay escrito y dicho acerca de este disco, que reunió en 2 sesiones de grabación separadas entre sí por 50 días a una de las mejores formaciones de la década: el sexteto de Miles Davis, que se encontraba separado a la hora de entrar a estudios. Davis en la trompeta, los saxofonistas John Coltrane y Cannonball Adderley, el contrabajista Paul Chambers, el virtuoso pianista Bill Evans y el baterista Jimmy Cobb se reunieron en los estudios de la poderosa Columbia con el productor Irving Townsend (además del pianista Wynton Kelly, que participó de la pista “Freddie Freeloader”). Todos ellos crearon “Kind of Blue”, un disco que pone en evidencia las ideas de la improvisación modal, terreno donde Miles Davis y Bill Evans, los dos grandes hacedores de esta joya infaltable, ampliaron los horizontes musicales.

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Miles

Dave Brubeck – “Time Out”

Si aplaudimos la experimentación de Miles y compañía con la idea de la improvisación en base a modos y escalas, este disco merece un reconocimiento similar. La búsqueda del pianista Dave Brubeck por sacar a las canciones del típico pulso común es una de las razones por las cuales este disco sobresale a muchos otros. Compases irregulares por doquier, de 5, 7 ó 9 tiempos son los vehículos para las magistrales improvisaciones de este gran cuarteto que a la hora de grabar no escatimó en esfuerzos. Además del ultraconocido “Take Five”, encontramos en “Blue rondo a la turk” o “Everybody`s Jumpin`” momentos musicales de altísimo nivel, entrelazados con una excelente producción de Teo Macero.

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Miles

Mingus – “Ah Um”

Si hay alguien a quien es imposible encontrarle solo una o dos obras maestras, ese es el multifacético Charles Mingus. “Oh yeah”, “Tijuana Moods”, “Mingus Dinasty”, y fundamentalmente “Ah Um”, ocupan un lugar importante en la lista de discos infaltables. Esta obra es un homenaje a las influencias musicales a las que Mingus se vio sometido en su niñez y adolescencia: la iglesia, el blues, Ellington, el sonido de los pájaros, en fin, impresiones sonoras que cultivaron su esencia musical. Al momento de la edición de “Ah Um”, la mitad de sus temas fueron editados y cortados para que pudieran entrar en el disco, ya que el formato, el recordado disco de pasta, no permitía mas tiempo de grabación. Afortunadamente, los masters no se perdieron y hoy podemos apreciar los temas tal cual Mingus los registró.

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Miles

John Coltrane – “Giant steps”

Este es el quinto álbum como solista de uno de los mas talentosos improvisadores de la historia. Editado en 1960, el disco fue grabado en mayo del 59 (y completado el 2 de diciembre del mismo año) por su cuarteto, bajo la producción del turco Nesuhi Ertegun. “Giant Steps” cuenta con 7 temas, todos escritos por el propio Coltrane. En la Lista de canciones, el genial saxofonista fue probando distintos cuartetos, con músicos que ya venían trabajando con él, como Tommy Flanagan y Wynton Kelly en piano, y Art Taylor y Jimmy Cobb en batería. Paul Chambers toca su contrabajo a lo largo del disco. La obra pone en manifiesto el contenido lírico de Coltrane tanto en su composición e improvisación, y su carácter innovador respecto a la armonía, con lo que hoy se conoce como la “progresión armónica Giant Steps”, que consiste en un set de acordes entrelazados a distancia de terceras, la cual se sigue usando. Muchas de estas piezas alcanzaron el status de “Standars”.

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Miles

Bill Evans – “Portrait in Jazz”

Grabado en diciembre de 1959 y editado recién en 1960, este es un disco infaltable porque representa el momento exacto en que Evans hizo conocido su verdadero contexto: el trío. No hay pianista después de él que no haya considerado fundamental en el desarrollo de su carrera experimentar en este formato, el cual es uno de los mas perfectos en la música de jazz desde la década del 50. Teniendo en cuenta que este disco fue grabado con Paul Motian y Scott LaFaro, los cuales no eran meros acompañantes del piano si no que funcionaban como un engranaje perfecto, “Portrait in Jazz” se sitúa, a fuerza de virtuosismo, en un lugar de privilegio.

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*Periodista  /  **Músico