Concierto redondo: rocanrol de cámara en clave ricotera

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(Tiempo estimado: 3 - 6 minutos)

Los fieles de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se dieron cita en el Teatro IFT para emular la eucaristía con un tributo sinfónico que hizo ondear banderas y corazones. Un Concierto Redondo por donde se lo mire. Y de ricota.

Facundo Selfeni*

concierto redondo

Es cierto, la comunidad ricotera aun no ha asimilado la ruptura de la trinidad que constituía el corpus de Patricio Rey: la Negra Poly & Skay Beilinson por un lado, el Indio Solari por otro -¿qué sería del pan sin la bendición? ¿Y de un sacerdote sin su vino?-. Cada una de las partes hacía a la unidad, al todo, a lo trascendental. No fue la banda, ni sus integrantes, los que mas sufrieron la fragmentación de esta deidad: el que sufrió fue el pueblo, que se vio arrojado a un mundo en donde el pop se disfraza con las pieles del rock muerto.

 

El marketing ha consagrado a los recitales del Indio Solari como “misas ricoteras”. Pero el término resulta inexacto: no hacen falta ídolos para invocar a los dioses, ni figuras corpóreas que garanticen su existencia. Patricio Rey está en todas partes. Es por eso que la fe no declina y las misas ricoteras proliferan. Los seguidores buscan frenéticos el sosiego, tanto en fiestas litúrgicas (algún recital de Skay, la “navidad” del Indio en Tandil), como en cualquier ocasión donde haya una guitarra, un equipo de música o meras ganas de gritar a capella.

 

En este contexto cobra relevancia la figura de este predicador conocido como Mario Esteban, que con su ceremonia pagana, el “Concierto Redondo, un tributo sinfónico a Patricio Rey”, convoca a una multitud heterogénea, mixturada, que colma la calle Boulogne Sur Mer hasta doblar por Lavalle. En las puertas del Teatro IFT no hay infantería, vallas o acumulamientos. El público circula tranquilo para sacar su entrada e ingresa a la sala sin ser cacheado. Los acomodadores cortan los tickets, acompañan a cada uno hasta su fila, señalan el asiento numerado. Los que pasan entre filas piden permiso; los ya instalados se levantan; hay agradecimientos, asentimientos. Una vez llegados a sus respectivos lugares, los recién llegados se relajan sobre unas mullidas butacas de pana roja. Reina la camaradería.

 

VIDEO: Nuestro amo juega al esclavo (quinteto de cuerdas)

 

Dos banderas caen desde el sector pulman. Ambas con similares fotos –Skay y el Indio enfrentados- y consignas: “Solo te pido que se vuelvan a juntar”. La afluencia de público retrasa el espectáculo. Crece la ansiedad en la sala, que luce repleta. A las 21.50, y sin novedades sobre el escenario, se alza la liturgia: “Matar un rati para vengar a Walter y en toda la Argentina comienza el carnaval. Vamos Redondos…”. Se podría decir que dos tercios de la sala se suman a los cánticos; el resto mantuvo una compostura solemne.

A las 22, y con una platea efervescente, un hombre de saco negro y remera con el clásico logotipo de la banda, la PR coronada, cruza el escenario y se hace cargo del micrófono. Mario Esteban, director y arreglista del Concierto Redondo, es recibido con entusiasmo. La sala estalla de gente. Mario Esteban da la bienvenida, explica la estructura del espectáculo –arreglos para piano clásico, coro y quinteto de cuerdas- y recomienda prestar atención a las variaciones en el credo-sutilezas armónicas y melódicas de los temas-. Paso seguido, presenta al pianista, Damián Tepman. Aplauso cerrado. Caen las luces. Foco sobre el piano.