El arte como fracaso

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La figura de Samuel Beckett para el teatro es inmensa. Podría decirse que a partir de él ya nunca se escribirá de la misma manera. Sus obras parecen cuestionar los pilares de la dramaturgia occidental al tiempo que reflexiona, como pocos artistas, sobre una época.

Por Solana Landaburu*

samuel beckett thumbs

 

Samuel Beckett nace en Irlanda, en el año 1906. En 1927 obtiene el título de Bachelor of Arts y viaja a París, donde entabla relación con otro irlandés genial, James Joyce. Entre los años 1930 y 1931, recorre los ambientes del movimiento surrealista y llega incluso a traducir textos y poemas de esa corriente.

 

En 1938 ocurre algo que se convertirá en clave para su vida. Un mendigo lo apuñala y casi lo mata. Una vez recuperado, Beckett visita a su agresor en la cárcel y le pregunta por qué lo había hecho. La respuesta que recibe es: “No lo sé”. Este acontecimiento marca una huella profunda en el escritor.

 

En 1939, el inicio de la Segunda Guerra Mundial lo sorprende de viaje, en Dublín. Un año después se incorpora a la Resistencia Francesa. Escribe novelas, poemas y guiones. En 1947 crea su primera obra de teatro, Eleutheria, nunca estrenada. Con la segunda pieza, Esperando a Godot, accede al reconocimiento. Gana el Premio Nobel de Literatura en 1969. Muere el 22 de diciembre de 1989 a los 83 años de edad, seis meses más tarde que su esposa.

 

Beckett logra, como ningún otro, poner en crisis la idea de que una pieza se constituye a partir de una acción que cambia conforme avanza el texto. Es decir, en su escritura, la noción de acción dramática es cuestionada. Ya no se trata de un statu quo que se modifica completamente al final, sino que propone un orden casi estático, una clausura con algo de circularidad, de aporía, de sin salida y sin sentido. Logra hablar de una época como pocos artistas lo hicieron. Y, lo paradójico, es que lo hace partiendo de distintas imposibilidades, asumiendo que la intención de decir, de significar, de crear, se basa siempre en el fracaso.

 

Beckett escribe en la posguerra. Este no es un dato menor sino que es desde allí, desde ese tiempo y ese lugar, desde donde hay que entender su teatro. En Samuel Beckett. Las huellas en el vacío, Lucas Margarit postula que “enseña a producir a partir de la carencia”, haciendo de ello una poética, un camino por donde transitar. En su ensayo sobre pintura titulado Tres diálogos con Georges Duthuit, el propio Beckett advierte que “ser artista es fracasar, como nadie más se atreve a fracasar”.

 

Con las herramientas posibles, siempre carentes, Beckett hace teatro. De esta manera, tanto sus personajes como las estructuras de sus piezas hacen cuerpo este fracaso. En sus obras, los personajes aparecen impedidos de moverse, de hablar, de recordar, y sus textos permanecen sin resolución, sin avance, presentando un mecanismo que se repite sin salida. Esto tiene su correlato en el lenguaje. De tal modo, toma la sintaxis y la desarma, influenciado por el surrealismo y por su amigo James Joyce.

 

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