El regreso del conocimiento

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El proceso iniciado por él desembocó este año en el regreso del arquitecto Adrián Mallol, quien es –al menos hasta la fecha de realización de esta nota– el último investigador repatriado por Raíces. Mallol volvió al país en septiembre, cuando se incorporó a la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba.

 

Este arquitecto, egresado de Universidad Nacional de La Plata, desarrolló gran parte de sus más de 20 años de experiencia en Barcelona. Allí incursionó en proyectos de edificación, interiorismo y paisajismo, y en la última década se enfocó en la obra pública. Él se define “interesado en la sustentabilidad y los sistemas bioclimáticos desde los años de facultad”; por lo que actualmente divide sus días entre las clases en la Universidad y el desarrollo de un proyecto empresarial de eficiencia energética aplicada a la edificación.

La mayoría de los científicos e investigadores que deciden volver a desarrollar su actividad profesional en el país pertenecen al área de las Ciencias de la Salud y Biológicas (cerca del 40% de los repatriados entran en esta categoría); con fuerte influencia también del área de las Ciencias Exactas y Naturales (a la que corresponde un tercio de los casos del Programa). El tercio restante se divide entre las Ciencias Sociales y Humanidades (...)

 

“La gestión del Programa ha sido muy eficiente y rápida. Excelente. Es absolutamente necesario que un programa así exista en la Argentina”, resalta Mallol, aunque considera que hay algunos puntos a mejorar. Entre ellos, señala que “la asignación otorgada está completamente desfasada del costo real de una repatriación” y sugiere una intervención del Programa para destrabar los trámites aduaneros que implican mudarse a la Argentina desde otro país. Además, recomienda “complementar este programa con un programa de seguimiento, para ayudar a la reinserción en el medio académico nacional, que no es nada fácil”.

 

Los que encontraron el primer mundo en Palermo


En el pelotón de los repatriados, hay dos que en sus horas de trabajo no sienten la diferencia del regreso. Son Mario Rossi y Claudio Cavasotto, integrantes del Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires - Conicet.

 

Los porteños que pasan habitualmente por las ex bodegas Giol lo saben: el baldío abandonado que era ese predio se transformó en un edificio deslumbrante que hoy alberga al Instituto. Sus 1.200 m2 se reparten entre laboratorios, salas de cultivo, microscopía de última generación, salones de seminarios y para becarios, y oficinas para investigadores. Todo construido de acuerdo a los estándares de una de las organizaciones científicas más prestigiosas del mundo, la Sociedad Max Planck, la más exitosa organización de investigación de Alemania y lugar de trabajo de 17 premios Nobel.

 

El 60% de los profesionales que deciden regresar son hombres y la gran mayoría (el 73% de los participantes del Programa) proviene esencialmente de los Estados Unidos.

El Instituto es “partner” de la Sociedad Max Planck y allí trabajan Rossi y Cavasotto, ambos repatriados por Raíces. Rossi es jefe de grupo, biólogo recibido en la UBA, doctorado en la Universidad de Roma Tor Vergata, y posdoctorado en el Reino Unido y en el Departamento de Patología de la Universidad de Nueva York. Y Cavasotto, quien hasta su retorno trabajaba en el Departamento de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Texas, está al frente del Departamento de Bioinformática, área en la que es experto.