El regreso del conocimiento

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El Programa Raíces, del Ministerio de Ciencia y Tecnología, ofrece distintos tipos de ayuda para empujar el retorno al país de científicos e investigadores que se desempeñan en el exterior. En el primer semestre de 2013 la iniciativa, que ya cumple 10 años, espera alcanzar el millar de profesionales repatriados y, a pesar de los desafíos pendientes, muestra un balance positivo.

Por Noelia Barral Grigera*

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No se ven, es cierto. Pero todos las sabemos presentes, trabajando, permitiendo el desarrollo, el crecimiento. Las raíces, la base que sostiene la vida, están ahí para alimentar, para fijar, para arraigar. Son débiles al principio, casi imperceptibles. Y con los años y el cuidado permanente crecen hasta abarcar mucho suelo, hasta convertirse en redes que soportan mundos. Pueden ser biológicas, culturales, emocionales. Pueden ser antiguas o recién nacidas. Y siempre esenciales..

 

Crearlas, revivirlas, sostenerlas son algunos de los ambiciosos objetivos que se fijó hace casi una década el programa Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior, Raíces. Una política de estado del Ministerio de Ciencia y Tecnología que busca ofrecer las condiciones necesarias para posibilitar el regreso al país de científicos educados en la Argentina y radicados en el exterior.

 

Además de repatriar, el Programa tiene la particularidad de re vincular a los que científicos que están aquí con los que están afuera y no tienen pensado, al menos por ahora, volver. Para ellos hay numerosos instrumentos, para que desde afuera se sumen a proyectos en Argentina, sin la necesidad de ser repatriados.

 

Desde su creación en el año 2000 y su relanzamiento en el 2003, el programa repatrió a 944 investigadores. Se acerca así a un doble aniversario: cumplirá en 2013 los diez años desde su jerarquización y está a punto de alcanzar el millar de científicos argentinos que vuelven a trabajar en el país, cifra a la que el Ministerio que comanda Lino Barañao prevé llegar en el primer semestre del año próximo.

 

Raíces tiene, claro, ramificaciones. Caminos por los que intenta lograr que los científicos e investigadores que se desempeñan en el exterior vuelvan a contactarse con el mundo académico argentino. Entre otras iniciativas, el Ministerio incluye a los investigadores que desean regresar en una base de datos de personal calificado para ayudarles a encontrar trabajo, ofrece subsidios para facilitar el regreso de quienes ya tienen una oferta laboral, financia estadías de entre uno y cuatro meses para los que deseen pasar su año sabático en la Argentina, genera redes informativas para que quienes trabajan en el exterior estén al tanto de lo que sucede en el medio científico nacional, y promueve vínculos profesionales entre grupos de investigación residente en el país y los miembros del Programa.

 

Quiénes vuelven


Según datos oficiales, la mayoría de los científicos e investigadores que deciden volver a desarrollar su actividad profesional en el país pertenecen al área de las Ciencias de la Salud y Biológicas (cerca del 40% de los repatriados entran en esta categoría); con fuerte influencia también del área de las Ciencias Exactas y Naturales (a la que corresponde un tercio de los casos del Programa). El tercio restante se divide entre las Ciencias Sociales y Humanidades; las Ciencias Agrarias, Ingenierías y Materiales; y Tecnología, con apenas un 3% de los repatriados.

 


 

El 60% de los profesionales que deciden regresar son hombres y la gran mayoría (el 73% de los participantes del Programa) proviene esencialmente de los Estados Unidos. También es importante el número de casos que retornan desde el resto de los países del continente (México, Brasil y Canadá suman en conjunto al 23% de los repatriados), o de Europa. En este último caso, cinco países concentran a casi la totalidad de los puertos de origen: el 53% proviene de España y Francia, el 27% del Reino Unido y Alemania, y el 9% de Italia. Y, aunque también hay repatriados desde Asia y Oceanía, ese número es mínimo.

 

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"[Lo que era un baldío abandonado] las ex bodegas Giol (...) se transformó en un edificio deslumbrante que hoy alberga al Instituto. Sus 1.200 m2 se reparten entre laboratorios, salas de cultivo, microscopía de última generación, salones de seminarios y para becarios, y oficinas para investigadores. Todo construido de acuerdo a los estándares de una de las organizaciones científicas más prestigiosas del mundo, la Sociedad Max Planck, la más exitosa organización de investigación de Alemania y lugar de trabajo de 17 premios Nobel."

 

El primero y el último


Javier Fernández es doctor en Matemáticas y el primer investigador que regresó al país en el marco de Raíces, allá por 2004. “Desde mi regreso, estoy trabajando en el Instituto Balseiro, tal como me interesaba. Desde el punto de vista profesional, puedo decir que estoy conforme. Al decidir venir a Bariloche tenía la casi segura penalidad de estar fuera de mi círculo profesional más natural ya que soy matemático en un centro de formación de físicos e ingenieros. Sin embargo, para mi sorpresa, he encontrado entre los estudiantes y colegas apoyo e interés en mi actividad y hoy reparto mi tiempo entre la investigación y la docencia”, cuenta a “La Letra Partida”.

 

Su carrera de grado es la licenciatura en Matemáticas, que cursó en la Universidad de Buenos Aires (UBA). En agosto de 1996 viajó a Estados Unidos para hacer el doctorado, ya que estaba interesado en trabajar en un área que no se encontraba desarrollada en nuestro país. Pero, finalizados sus estudios, comenzó a buscar instituciones que lo ayudaran con los gastos de retorno. Fue entonces que se encontró con Raíces.

 

“Una decisión que yo había tomado al regresar era adaptar mi investigación a temas en los que pudiera colaborar con otros científicos del país. Junto con el doctor Sergio Grillo, también matemático del Balseiro, formamos un pequeño grupo interesado en el estudio de la llamada Mecánica Geométrica. Esto es, el estudio de problemas de la Mecánica Clásica usando métodos de la Geometría Diferencial”, explica. Su grupo de trabajo está actualmente desarrollando iniciativas con investigadores de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad Nacional del Sur, además de otros grupos en España y Estados Unidos. “Nuestra tarea de investigación se ve complementada por la formación de jóvenes investigadores, habiendo formado ya una doctora y con otros tres estudiantes de doctorado en el camino”, se enorgullece Fernández.

 

Aunque no todo fue color de rosas, a ocho años de su retorno hace una evaluación positiva de la decisión. “Un aspecto complicado del regreso al país fue la reinserción de mi esposa, que es estadística, dado lo limitado de la oferta en la región. Por suerte, con el tiempo consiguió insertarse y también realiza investigación y docencia. Para resumir, más de ocho años han pasado y estoy contento con la radicación de mi familia en Bariloche, incluyendo un hijo que está por comenzar la escuela primaria, y los varios proyectos de investigación en marcha”, señala.

 


 

El proceso iniciado por él desembocó este año en el regreso del arquitecto Adrián Mallol, quien es –al menos hasta la fecha de realización de esta nota– el último investigador repatriado por Raíces. Mallol volvió al país en septiembre, cuando se incorporó a la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba.

 

Este arquitecto, egresado de Universidad Nacional de La Plata, desarrolló gran parte de sus más de 20 años de experiencia en Barcelona. Allí incursionó en proyectos de edificación, interiorismo y paisajismo, y en la última década se enfocó en la obra pública. Él se define “interesado en la sustentabilidad y los sistemas bioclimáticos desde los años de facultad”; por lo que actualmente divide sus días entre las clases en la Universidad y el desarrollo de un proyecto empresarial de eficiencia energética aplicada a la edificación.

La mayoría de los científicos e investigadores que deciden volver a desarrollar su actividad profesional en el país pertenecen al área de las Ciencias de la Salud y Biológicas (cerca del 40% de los repatriados entran en esta categoría); con fuerte influencia también del área de las Ciencias Exactas y Naturales (a la que corresponde un tercio de los casos del Programa). El tercio restante se divide entre las Ciencias Sociales y Humanidades (...)

 

“La gestión del Programa ha sido muy eficiente y rápida. Excelente. Es absolutamente necesario que un programa así exista en la Argentina”, resalta Mallol, aunque considera que hay algunos puntos a mejorar. Entre ellos, señala que “la asignación otorgada está completamente desfasada del costo real de una repatriación” y sugiere una intervención del Programa para destrabar los trámites aduaneros que implican mudarse a la Argentina desde otro país. Además, recomienda “complementar este programa con un programa de seguimiento, para ayudar a la reinserción en el medio académico nacional, que no es nada fácil”.

 

Los que encontraron el primer mundo en Palermo


En el pelotón de los repatriados, hay dos que en sus horas de trabajo no sienten la diferencia del regreso. Son Mario Rossi y Claudio Cavasotto, integrantes del Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires - Conicet.

 

Los porteños que pasan habitualmente por las ex bodegas Giol lo saben: el baldío abandonado que era ese predio se transformó en un edificio deslumbrante que hoy alberga al Instituto. Sus 1.200 m2 se reparten entre laboratorios, salas de cultivo, microscopía de última generación, salones de seminarios y para becarios, y oficinas para investigadores. Todo construido de acuerdo a los estándares de una de las organizaciones científicas más prestigiosas del mundo, la Sociedad Max Planck, la más exitosa organización de investigación de Alemania y lugar de trabajo de 17 premios Nobel.

 

El 60% de los profesionales que deciden regresar son hombres y la gran mayoría (el 73% de los participantes del Programa) proviene esencialmente de los Estados Unidos.

El Instituto es “partner” de la Sociedad Max Planck y allí trabajan Rossi y Cavasotto, ambos repatriados por Raíces. Rossi es jefe de grupo, biólogo recibido en la UBA, doctorado en la Universidad de Roma Tor Vergata, y posdoctorado en el Reino Unido y en el Departamento de Patología de la Universidad de Nueva York. Y Cavasotto, quien hasta su retorno trabajaba en el Departamento de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Texas, está al frente del Departamento de Bioinformática, área en la que es experto.

 


Los que se van


Aunque en mucho menor medida que en otras épocas, y contrarrestado por los programas de repatriación y revinculación, aún persiste la emigración de profesionales que eligen el exterior para sus estudios de posgrado y el desarrollo de sus carreras. Según datos del Ministerio de Educación fechado en 2005 (cuando Ciencia y Tecnología todavía no tenían cartera propia) a esa fecha permanecían fuera de Argentina 7.000 emigrados, que en muchos casos partieron por las diferentes situaciones políticas y económicas complejas que vivió Argentina.

“Una decisión que yo había tomado al regresar era adaptar mi investigación a temas en los que pudiera colaborar con otros científicos del país. Junto con el doctor Sergio Grillo, también matemático del Balseiro, formamos un pequeño grupo interesado en el estudio de la llamada Mecánica Geométrica. Esto es, el estudio de problemas de la Mecánica Clásica usando métodos de la Geometría Diferencial” (Javier Fernández, matemático, primer científico repatriado)

La doctora en Psicología Clínica Carina Basualdo es un llamativo caso entre ellos. Tras doctorarse en París, donde vivió cinco años, regresó al país en 2004 en el marco del Programa Raíces para dictar clases con dedicación exclusiva en la Universidad Nacional de Rosario, su ciudad natal. Sin embargo, el retorno no resultó como esperaba y en 2007 volvió a partir. “Actualmente soy profesora e investigadora en la Universidad de París 10 Nanterre y practico el psicoanálisis. Bajo ningún punto de vista podría ‘responsabilizar’ al Programa de mi partida del país. Las decisiones de una persona son complejas y nunca unívocas. Pero mi experiencia cuando gané en 2006 un concurso para crear una red de investigación no colaboró para imaginar un modo posible de trabajo y vida en la Argentina. Entendí que usaban la red que había armado para localizar a otros argentinos desde el extranjero. Hacer avanzar la investigación (en este caso, sobre donación y trasplante de órganos) más allá del origen de los investigadores involucrados, no era el objetivo del Programa”, explica desde Francia.

 

Los desafíos de Raíces


Su caso se suma a algunos de los desafíos que enfrenta el Programa, tras una década de vigencia. Y es que, según conclusiones oficiales, la emigración de científicos e investigadores no afecta tanto al sistema en cuanto a la pérdida de profesionales, como al recambio generacional del mismo. Los jóvenes que se van son los que iban a entrar al sistema en el futuro, por lo que su partida se convierte en una amenaza en el horizonte y plantea desafíos al objetivo de aumentar la base de profesionales.

 

Además, más de la mitad de los repatriados regresan para instalarse en la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia, generando una concentración en ese espacio territorial. Un porcentaje menor elige otras provincias como Córdoba, Santa Fe, Río Negro, Tucumán y Mendoza.

 

Esta situación se relaciona directamente con que casi la totalidad de los científicos e investigadores que regresan, lo hacen para integrarse al Conicet o al sistema educativo público; mientras que las incorporaciones al sector privado y productivo aún son escasas. Es allí donde deberán apuntar las iniciativas del Programa durante la próxima década, para que al voltear la vista atrás el balance continúe siendo positivo.

 

*Periodista.