“Hay una prioridad absoluta que es la reforma tributaria”

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Desarticulando las críticas que niegan el efectivo desendeudamiento alcanzado por Argentina, planteando una mirada global sobre los desafíos para incrementar la inversión y con una mirada compleja sobre el proceso inflacionario, Héctor Valle traza en este reportaje un recorrido por cuestiones centrales para comprender el proceso económico actual en el país y las líneas e interrogantes hacia el futuro.

Por Ana Quiroga Larrieu* / Fotografía: Marcela Casarino**

Valle

Economista, investigador, docente, autor de numerosas publicaciones, Héctor Valle acredita una vasta actuación en el ámbito público y privado, nacional e internacional. Desde hace más de tres décadas está al frente de FIDE (Fundación de Investigaciones para el Desarrollo) -primero como Director y desde 1991 como Presidente de esa entidad-. Participó en el Consejo Nacional de Desarrollo (Conade), fue Consultor de Naciones Unidas para la elaboración de planes de desarrollo económico y, entre otras funciones a nivel gubernamental, fue Subsecretario de Programación Económica, Director del INDEC, presidente del Fondo Nacional de las Artes y actualmente integra el directorio de YPF.

 

Héctor Valle, uno de los economistas más destacados del país, respondió extensamente y con la claridad expositiva que lo caracteriza, a los interrogantes planteados por “La letra partida” en relación a la política económica vigente en Argentina, el desendeudamiento, la inflación explicada en contexto, las condiciones necesarias para aumentar la inversión pública y privada, y los desafíos abiertos para darle continuidad al crecimiento económico con inclusión social.


La letra partida: Hay algunos economistas que afirman que la deuda externa argentina está en el mismo nivel que antes de la crisis de 2001. ¿Considera usted que hubo una política de desendeudamiento, o no?


Héctor Valle: Yo creo que el desendeudamiento ha sido una variable estratégica fundamental al actual modelo. La deuda no solamente hay que medirla por su magnitud sino por su contenido, por su relación con otras variables de la economía, y por el profundo ingrediente político que tiene como condicionante del desarrollo económico. Argentina tiene actualmente una deuda externa de alrededor de los 170 mil millones de dólares, excluyendo de ese monto a lo que reclaman los fondos buitres, y a lo del Club de París. Los fondos buitres reclaman 11 mil millones; el Club de París algo así como 8 mil millones de dólares, entre capital e intereses. Esa deuda pública equivale aproximadamente al 42 por ciento del PBI, medido en dólares. Esa misma relación a la salida de la convertibilidad era del 160 por ciento.


Pero no solamente es interesante advertir que en términos de PBI ha caído el endeudamiento, sino también el contenido de ese endeudamiento. La parcela, en moneda extranjera, en este momento es de alrededor de un 40 por ciento, y la parcela en poder de acreedores externos es inferior al 10 por ciento. O sea que, sin duda, la Argentina ha reducido no solamente el endeudamiento respecto al producto, que es como hay que medirlo, sino también ha reducido significativamente el riesgo de ese endeudamiento, porque es mayor la deuda pública externa medida en pesos, es mayor la deuda con entidades del sector público, siempre sujeto a la política económica, y es significativamente menor la deuda con los acreedores privados, que era realmente riesgosa.


De modo tal que eso está absolutamente claro, carece de lógica medir únicamente la evolución global, porque obviamente a medida que crece la economía también crece el endeudamiento, pero es necesario ver la relación con el producto y su contenido. Y es necesario advertir la importancia que tiene la política de desendeudamiento porque le permite a la Argentina realizar políticas económicas de tipo heterodoxos, como por ejemplo la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, los ajustes semestrales de las remuneraciones de los jubilados, las convenciones colectivas de trabajo, los planes de empleo, etcétera, que en el contexto tradicional de un acuerdo con el Fondo Monetario, o de una política económica de corte neoliberal, está absolutamente vedado, y el instrumento con el cual a uno lo tienen totalmente agarrado es la deuda. En síntesis, la deuda es menor, en términos cómo hay que medir, su contenido es más virtuoso, y nos hemos liberado de una restricción fuerte para el ejercicio de la política económica.