Venezuela a sotto voce: Del chavismo y la realidad del país

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Una mirada desde Venezuela sobre la situación política configurada luego de las elecciones de octubre y de diciembre, y sobre la esperanza sostenida de una mayoría ciudadana que nuevamente le dio la victoria a Hugo Chávez, líder iniciador de un proceso revolucionario que, en la visión del autor de este artículo, hoy estaría exhibiendo sus límites.

Por Nelson González Leal* (Desde Caracas)

chavismo

Como una serpiente que se muerde la cola cuando se ve atrapada, la realidad social y política venezolana parece envenenarse a sí misma. En un estado de latente tensión, el juego de intereses y ambiciones que se estableció en Venezuela a partir de la amenaza que significó para el statu quo la ascensión al poder del ex Coronel del Ejército Hugo Chávez Frías, se mantiene, aderezada en la actualidad con un alto grado de incertidumbre producto de la supuesta delicada situación de salud de Chávez, sobre la que ni el propio oficialismo ha querido dar informaciones claras.

 

La relegitimación del liderazgo chavista, rubricada por 8 .191.132 votos a favor en el proceso electoral presidencial del pasado 7 de octubre, deja claro que las políticas asistencialistas y reformistas del llamado Gobierno Bolivariano han servido para mantener el control sobre su voto cautivo: los sectores tradicionalmente más desasistidos de la población. El resultado electoral en las presidenciales del 2006 arrojó 7. 309.080 votos a favor de Chávez. Esto indica, sin duda,  la ratificación de un liderazgo, y más aún, de una esperanza, lo que resulta más comprometedor y delicado.

 

Pero esta no es la única ni la más significativa lectura que debe hacerse del resultado electoral del 7 de octubre, porque del universo de 14.872.739 votos válidos, al líder opositor Henrique Capriles Radonski le correspondieron 6.591.304 votos, lo cual frente al número de votos favorables obtenidos por la oposición en el 2006 (4.292.466 millones), significó no sólo un incremento exponencial mayor que el logrado por el oficialismo, sino una reducción en la brecha del liderazgo sociopolítico de 7,41 por ciento. Es decir, en el 2006 el candidato opositor a Chávez, Manuel Rosales, quedó a una distancia del 25,94%, mientras que en el 2012 Capriles Radonski se colocó a sólo el 10,76%.

La realidad que vive hoy Venezuela, no obstante su relativa estabilidad económica –no poco bombardeada, es cierto, por las acciones inescrupulosas de un sector opositor que continúa apostando por la creación del caos y la desestabilización como forma de retomar los privilegios del poder, hoy en manos del chavismo-, es la de una latente situación de desgaste social y de confusión política (…)..

Si con el resultado electoral presidencial del 2006 resultaba sencillo negar las advertencias de polarización sociopolítica extrema en Venezuela, con el del 2012 no queda tan simple, ni siquiera frente al aplastante resultado de las elecciones regionales sucedidas dos meses después, donde el chavismo logró recuperar cinco de las ocho Gobernaciones que estaban en manos de la oposición, para hacerse con 20 de los 23 Estados en disputa, porque fue obvio que este resultado obedeció a la escasa y lenta respuesta de un liderazgo opositor que demostró una vez más una alta incapacidad para recomponerse a tiempo y para leer y trasmitir con propiedad el mensaje positivo de los números electorales arrojados el 7 de octubre.