La transición chavista: del hiperlíder al gobierno colectivo

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El proceso se inició hace dos años, con la noticia del cáncer de Chávez y la admisión pública que el comandante hiciera de “uno de [sus] errores fundamentales”: no saber delegar. Ahora, tras la estrecha victoria de Nicolás Maduro, el chavismo enfrenta, entre otros desafíos, el de construir una mayor legitimidad. ¿Vendrá de la mano de una mayor participación de los movimientos sociales que están en su base?

Por Noelia Barral Grigera*

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El concepto de hiperliderazgo se creó a la luz de su forma de ejercer el poder: abarcativa, avasallante, total. Hugo Chávez fue todo eso y trazó caminos nuevos y agitados en la política venezolana y en la geopolítica regional y mundial. Su muerte dejó muchas preguntas abiertas. Algunas fueron encontrando respuesta en los últimos meses. Otras todavía están en el proceso de encontrar su resolución.

 

Fue un intelectual chavista, el español Juan Carlos Monederos, quien definió al hiperliderazgo como un tipo de conducción que “tiene la ventaja de articular lo desestructurado y de juntar los fragmentos en momentos de vacío político o de confusión ideológica”, pero que también “desactiva, en última instancia, una participación popular que puede confiarse en exceso en las capacidades heroicas del liderazgo”. Aunque al escuchar el concepto, allá por 2009, el chavismo rechazó esa caracterización, fue el propio Chávez, dos años atrás, quien reconoció en una entrevista televisiva que no saber delegar había sido uno de sus “errores fundamentales”.

 

Él mismo fue, también, quien primero intentó desenmarañar el ovillo del hiperliderazgo y la sucesión en ausencia del líder apenas le diagnosticaron el cáncer que terminó con su vida. “Muchas veces uno quiere estar en todo, dirigiendo… coartando muchas veces”, observó sobre sí mismo antes de destacar el cambio que se iniciaba. “Ahora (los ministros) andan sueltos, dando ruedas de prensa, inaugurando. Ministros que no hablaban y quizás no hablaban porque Chávez estaba en todo, ahora andan sueltos y desarrollando capacidades, y eso es delegar. Ese es uno de mis errores fundamentales”.


El testimonio quedó registrado en el libro Chavismo sin Chávez, del periodista y escritor venezolano Modesto Emilio Guerrero, quien observa que la admisión pública del comandante animó a los movimientos sociales chavistas a desperezarse y ponerse en marcha.


Esos movimientos sociales fueron un vértice fundamental en el triángulo que llevó y mantuvo a Chávez en el poder durante 14 años, junto con el Ejército y la impronta del líder.


Pero de esa tríada, una más que otras preocupaba a la región: la presencia de las armas en la coalición gobernante hizo temer a muchos que la transición tomara curso a través de lo que se conoce como “partido militar”, pero otra vez fue Chávez quien decidió el camino. Cuatro meses antes de morir, le envió un mensaje al Ejército: “La Fuerza Armada Nacional Bolivariana debe seguir consolidando el nuevo pensamiento militar bolivariano y al mismo tiempo debe seguir cumpliendo su misión dentro de la realidad nacional con la mayor calidad revolucionaria. Igualmente nos toca cuidar esa gran conquista histórica que es la unidad cívico-militar”.