España y la ruptura del pacto social

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A partir de las demandas expresadas desde el 15M, en la Acampada de Sol, comienza a exteriorizarse como un hecho político la resistencia de una parte de la sociedad a sacrificarse “para rescatar de la crisis y la barbarie a otra minoritaria”. La crisis, según la autora, “se convierte en un mecanismo de normalización y ocultamiento de los cambios que precisa el actual poder para seguir expandiéndose. La especulación financiera ya no necesita de un pacto social para subsistir. Así, cuando este discurso es pasivo resulta cínico, pero cuando lo hace de manera militante se vuelve fascista."

Por María Luciana Cadahia*

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El pacto social se ha roto en España. La nueva alianza entre el capital financiero y sus gobernantes ya no precisa conservar el rostro amable del Estado neoliberal. El gesto revolucionario escogido por el actual gobierno para transformar la naturaleza de las instituciones, contrasta con la acción conservadora que emplea la ciudadanía para mantener sus derechos básicos.

 

A través de una especie de juego especular e inversión de sentido, pareciera que el reformismo se ha puesto del lado del capital y una cierta idea de conservación se halla del lado de la ciudadanía. Probablemente sea la evolución unilateral de ambos términos el resultado de nuestra actual confusión para comprender lo que sucede. Por lo que podría preguntarse: ¿qué busca transformar el gobierno? ¿Qué procura conservar el pueblo?

 

Si bien resulta un poco precipitado responder ambas preguntas, una vía para pensar las dos cuestiones estaría en prestar atención al modo en que, en ambos casos, se está violentando el derecho. A primera vista pareciera que el derecho funciona para criminalizar las protestas y facilitar los cambios estructurales que exige la economía de mercado. A su vez, y como reacción a estas medidas, los indignados han reforzado los mecanismos del derecho a la huelga y las protestas, a la vez que han elaborado una aguda crítica a la supuesta legalidad del uso del derecho por parte del gobierno, acompañada por un plan de desobediencia civil y la gestación de un vínculo implícito entre las sublevaciones y el derecho.

Video: LA PLAZA: La gestación del Movimiento 15M

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A pesar de los esfuerzos mediáticos por aislar las distintas demandas y por convertir el conflicto social en una especie de drama íntimo, el sentimiento de indignación abandonó su psicología moralizante, se convirtió en un enfado colectivo y trasladó el problema al terreno de la política. En un movimiento verdaderamente hegeliano, se produjo una exteriorización del conflicto. La acampada de Sol, llevada a cabo durante la madrugada del 15 de mayo de 2011, fue el primer gesto que rompió con el silencio y el bloqueo mental colectivo.