España y la ruptura del pacto social

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En el texto Hacia una crítica de la violencia, Benjamin distingue entre dos funciones de la violencia, por un lado, la violencia que fundamenta o modifica situaciones jurídicas y la violencia que conserva el derecho. Pero a su vez señala situaciones en las que se entremezclan ambos tipos de violencia, es decir, el momento político del derecho –como en el caso del derecho a huelga- y el poder de policía. En Europa el derecho a huelga es visto como una concesión del Estado a los trabajadores para que éstos, a través de la violencia, hagan valer sus derechos. Sin embargo, Benjamin hace una distinción entre la huelga general política y la huelga general proletaria. La huelga general política simplemente busca modificar una determinada situación de injusticia, sin transformar en absoluto las relaciones de derecho en un Estado. Por el contrario, la Gewalt (violencia, fuerza, poder) de una huelga general proletaria puede conducir a un cuestionamiento profundo del rol de un Estado, al punto de destruirlo. Es decir, un momento jurídico revolucionario en el que se buscar subvertir el ordenamiento jurídico gracias al cual se ostenta el derecho a huelga. La violencia de la policía también viene a generar una indistinción entra ambos tipos de violencia, puesto que si bien se muestra como una violencia que conserva derecho, está autorizada para ampliar los límites de dicha violencia. La policía inventa el derecho cada vez que el derecho es lo suficientemente indeterminado como para dejarle esa posibilidad. Aunque no promulgue la ley, la policía se comporta como un legislador. No resulta extraño que en este momento los mayores puntos de fricción de la sociedad estén justamente entre el derecho a la huelga y el poder de policía.

El actual Estado neoliberal ejerce una violencia destructiva, bajo el velo de un principio de sacrificio, a saber: la sociedad debe sacrificar a una parte de la sociedad para rescatar de la crisis y la barbarie a otra minoritaria, con objeto de garantizarle abundancia y civilización.

Podríamos decir que el temor del gobierno actual hacia la huelga y las protestas es que ésta última devenga lo que Benjamin llama una huelga proletaria y reactive el momento revolucionario. Es decir, un tipo de violencia que al justificar, legitimar e instaurar otras relaciones de derecho, se presente como teniendo derecho al derecho. El Estado teme a esta fuerza destructiva de la huelga, por eso dirige todas sus fuerzas a limitar y obstaculizar el derecho a la huelga. Esto explica la cantidad de decretos aprobados para la ampliación del margen de acción de la lógica policial y la creación de un Departamento de seguridad nacional. Con todo, debemos abordar con mayor cuidado esta cuestión y preguntarnos por el carácter destructivo de esta fuerza transformadora del Estado.

 

A través de la crítica a la violencia Benjamin cuestiona el carácter procedimental y conformista de la socialdemocracia de su época y está interesado en pensar las posibilidades de una acción política en términos de una acción revolucionaria. Su ataque se dirige al Estado y su interés se centra en el momento destructivo del mismo. Si bien Benjamin no lo dice de forma explícita, emplea una concepción liberal del Estado. Es decir, como una entidad externa y formal –los dos aspectos que Benjamin busca destruir-. Sin embargo, si consideramos al Estado en términos más hegelianos resulta insuficiente decir que con las protestas se busca destruir el Estado y que el gobierno procura su conservación. Más aún, me atrevería a decir que las actuales leyes y decretos del gobierno también tienen un carácter destructivo del Estado y de lo que se trata, entonces, es de pensar ambos tipos de violencia destructiva.

 

El actual Estado neoliberal ejerce una violencia destructiva, bajo el velo de un principio de sacrificio, a saber: la sociedad debe sacrificar a una parte de la sociedad para rescatar de la crisis y la barbarie a otra minoritaria, con objeto de garantizarle abundancia y civilización. El ritual mágico-jurídico de la austeridad debería devolver la confianza en los mercados. Pero detrás de este velo de maya de la restauración, tiene lugar una profunda transformación de la naturaleza misma de la sociedad.

La violencia de la policía también viene a generar una indistinción entra ambos tipos de violencia, puesto que si bien se muestra como una violencia que conserva derecho, está autorizada para ampliar los límites de dicha violencia.

Ahora bien, el sacrificio de la austeridad supone no solo la desaparición de los derechos básicos de los ciudadanos, sino también el precio que los países de la Unión Europea deben pagar para volver a ser fiables. Sin embargo, la fe atribuida a las políticas de austeridad no logra la anhelada salvación que prometía el ritual sacrificial de los devotos técnicos de la economía. Probablemente este esquema sea insuficiente para comprender lo que está en juego en esta crisis financiera. El misterio especulativo de la austeridad y el sacrificio encierra un juego peligroso. Esto es, un mecanismo que, al inyectar la dosis justa de riesgo e imprevisibilidad en los mercados, propicia una mayor inmunidad al capital financiero. Cuanto más riesgo, más legitimado se encuentran los poderes financieros para ejercer su poder en las instituciones y subsumir a su lógica todas las esferas de la vida política contemporánea. La crisis, entonces, se convierte en un mecanismo de normalización y ocultamiento de los cambios que precisa el actual poder para seguir expandiéndose. La especulación financiera ya no necesita de un pacto social para subsistir. Así, cuando este discurso es pasivo resulta cínico, pero cuando lo hace de manera militante se vuelve fascista.

 

Frente a ese tipo de violencia meramente destructiva, parece asomarse otro tipo de violencia, la violencia de quienes se resisten a la violencia destructiva que impone el Estado neoliberal. Es decir, una violencia practicada como ascesis que, así como establece un ruptura (violencia destructiva) con el continumm que trata de marcar la agenda del actual gobierno español, por otra parte procura recuperar y radicalizar una relación con el derecho que se ve amenazada por la violencia destructiva del Estado neoliberal, a saber: un uso del derecho en el que las palabras justicia social no suenen a cáscaras vacías.

*Filósofa. Docente universitaria. Investigadora.