Un fragmento del libro

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“Cuando hablamos de frontera no nos referimos a la línea política que separa la soberanía de dos estados. Entendemos por frontera un área, una zona, un mundo complejo y diverso, vivo, heterogéneo, sitio privilegiado del sincretismo y del mestizaje. Frontera remite a un espacio de encuentro, de interacción, de enfrentamiento, de resistencia, donde se yuxtaponen las culturas, las miradas. Terreno en el que podemos identificar múltiples actores, intereses, proyectos, relaciones sociales y de poder, cosmogonías; formas de creer y de hacer que se entremezclan o se someten, o confrontan, o se sintetizan.


El concepto de frontera conlleva la idea de existencia de otros. El primer otro de Europa conquistadora fue “el indio”, luego su descendencia. El indio fue el bárbaro al que había que “civilizar”. Es el comienzo de la dialéctica colonizador-colonizado, del desembarco de la “racionalidad” europea y su unidireccionalidad del “progreso” y del relato histórico.


En muchos manuales hemos leído descripciones de la “frontera con el indio” como una línea. Una línea dibujada en un mapa y que iba evolucionando, expandiéndose por sucesivos impulsos de la “civilización”, hasta la reducción final de los últimos “salvajes”. Nada más alejado de la realidad histórica.


Ni el “mundo blanco” ni el “mundo de los infieles” eran homogéneos en su composición, ni en su cultura. Variados grupos humanos y múltiples relaciones conformaron, en los diferentes períodos, un entramado complejo de relaciones e intereses. Así, los contactos e intercambios fueron la regla, en un sentido multidireccional. Muchos “blancos” recurrieron a los indígenas en busca de mano de obra barata, o hicieron su riqueza comerciando en los toldos, o se les asociaron, o marcharon a vivir con ellos, o los aprovecharon en su favor para confrontar militarmente con otros “blancos”. De la misma manera, del lado aborigen, también los enfrentamientos y las divisiones fueron normales, así como fueron variadas las formas de vincularse con “el otro”. Del encuentro en sus incontables amores, vínculos, enfrentamientos, contradicciones y acuerdos, se irá forjando una identidad nueva, original, mestiza, criolla: una sociedad de frontera.


El aborigen y el gaucho no fueron eliminados, desaparecidos, están en nosotros, como lo están los europeos llegados.


En las pampas fue fácilmente verificable la constitución de una sociedad de frontera. Con posterioridad a la conquista, un multicolor haz de relaciones vinculó el mundo hispano criollo con el mundo aborigen.


A estos enlaces, entrado el siglo XIX, se agregaron los nuevos inmigrantes europeos; ya sea de paso o instalándose en las tierras que hasta entonces sólo ocupaban criollos y aborígenes. Con ellos, el ya complejo espacio fronterizo se vio alterado, enriquecido en la pluralidad de las relaciones. Así como no había una sola identidad indígena, tampoco será ya una sola cultura blanca. Los signos de la frontera serán la multiculturalidad, el sincretismo y el mestizaje.”


(Fragmento de “Argentina. Una historia de frontera”; Luis García Conde, 2013)

 

Acerca del autor

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Luis García Conde

Luis Ignacio García Conde es profesor de Historia, habiendo ejercido la docencia en su especialidad en diversos centros de enseñanza, públicos y privados. Como investigador se especializó en historia oral, que es un modo de rescatar la voz de quienes no llegan a expresarse en la palabra escrita y completar así los registros que brindan la prensa gráfica, los documentos oficiales y la correspondencia entre protagonistas (al menos hasta la generalización del correo electrónico), entre otras fuentes.


También ha actuado en la política porteña, desempeñándose como diputado en la nueva Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, donde impulsó proyectos culturales innovadores. Es colaborador de La letra partida desde su aparición, mediante originales y jugosos comentarios que otorgan sentido a materiales fotográficos antiguos. Ha publicado numerosos artículos en medios periodísticos y culturales (Crisis, Todo es Historia, Voces recobradas, Revista de Historia Oral, entre otros) sobre temas históricos de su interés tanto referidos a cuestiones regionales como de la cultura popular, y también sobre personalidades religiosas que han generado cambios importantes, como Monseñor Podestá, o que han sido víctimas del terrorismo de Estado, como el joven sacerdote Pablo María Gazzarri, detenido-desaparecido en noviembre de 1976.


Su último libro, Argentina, una historia de frontera, ha sido declarado de interés histórico y cultural por la Legislatura de la Ciudad Autónoma. Fue impreso en la ciudad de Santiago del Estero.

Dónde se consigue

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Entre otras librerías, podés comprar “Argentina. Una historia de frontera” en:

  • Prometeo
    Av. Corrientes 1916. Ciudad Autónoma de Buenos Aires
  • De la Mancha
    Av. Corrientes 1888 Piso PB. Ciudad Autónoma de Buenos Aires
  • Platero
    Talcahuano 485. Ciudad Autónoma de Buenos Aires
  • Cinco Esquinas
    Libertad 1293
    Ciudad Autónoma de Buenos Aires
  • Alberto Casares
    Suipacha 521. Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Una masculinidad heroica o las alas de Ícaro

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A partir de la puesta en cuestión de una sola forma de ser masculino, la autora reflexiona sobre el modelo de masculinidad hegemónica y sus modos de construcción y representaciones culturales. En una de sus variantes más exaltadas -especialmente desde la publicidad-, ser varón hoy implica asumir "comportamientos temerarios": la tendencia a transgredir límites y desafiar la muerte para alcanzar la valoración y el prestigio social.

Por Silvana Camerlo*

Prostitución y trata en Argentina: la Justicia que falta

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Más de un siglo después de aquellos truculentos aunque verídicos relatos que hablaban de un país destino de mujeres pobres, traídas como mercancía en barco desde otros continentes para ser vendidas en los burdeles porteños, el debate sobre la explotación sexual, la legislación y el accionar de la Justicia mantiene una vigencia contundente. En estos días, ello ocurre gracias a la infatigable y solitaria lucha de Susana Trimarco. Más allá de las diferencias que señala entre prostitución y trata, este artículo explora la posibilidad de una elección real en la práctica de la prostitución como trabajo.

Por Silvana Camerlo*