Lo tuyo es mío y lo mío es mío: la apropiación del cuerpo femenino

el .

(Tiempo estimado: 7 - 13 minutos)

La sexualidad de las mujeres ha generado “cierta inquietud” a los representantes del poder, a lo largo de la Historia. La ciencia médica, las instituciones religiosas y el Estado continúan manipulando y ejerciendo un control sobre los cuerpos femeninos. En Argentina, contrariando una ley local, el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri vulneró el derecho a abortar de una mujer víctima de una violación, que había logrado escapar de una red de trata de personas.

Por Silvana Camerlo*

Panj è asr

Lo que llamamos feminidad es un entramado de mitos sociales, soportado por narrativas y por significaciones imaginarias, que variará de acuerdo al momento socio-histórico del que se trate. Según los períodos históricos transcurridos, los soportes narrativos ofrecerán variaciones argumentales, en función de diferentes instituciones, las cuales se valdrán de representaciones que conformarán un determinado modelo hegemónico. Entre estas instituciones, han tenido su grado de importancia la Iglesia, el saber médico y el Psicoanálisis. Recién a partir del siglo XVIII, los médicos empezarán a reconocer el cuerpo de sus pacientes mujeres, aunque durante mucho tiempo, la asistencia en salud se circunscribirá a los partos exclusivamente. (Fernández:1994)

 

Para comenzar a hablar del tema que me convoca, me valdré de dos imágenes: la primera pertenece a una pintura de André Brouillet, llamada “Una lección clínica en la Salpêtrière" (1886) en la que Jean- Martin Charcot- neurólogo francés, de quien Sigmund Freud fuera discípulo- se enfrenta a un grupo de colegas varones, quienes parecen escucharlo con suma atención. Charcot está explicando lo que es la gran histeria. Más que explicar, lo demuestra: sostiene con un brazo suyo el cuerpo arqueado y lánguido de una muchacha que se halla de pie. Sus ojos están cerrados, como en un trance hipnótico. Vemos un único brazo, también arqueado, con un puño cerrado. Detrás de ella, se encuentran dos enfermeras, aprestándose a ayudarla, por si cayera. El aula del Hospital deviene en un Teatro ante la ávida mirada masculina.

 

La segunda imagen pertenece al filme Drácula, de Francis Ford Coppola (1992). El Conde se presenta ante la ventana del cuarto de Lucy, bajo la figura de un joven dandy. La saluda, sin entrar, quitándose su sombrero de copa, cortésmente. La muchacha se halla acostada en su cama, vestida con un camisón rojo transparente, y ya ha iniciado su proceso de metamorfosis vampírica. A partir de un único gesto de Drácula, Lucy se incorpora, no sin lentitud y como si danzara. Ante los gritos de una criada, el profesor Van Helsing y uno de los pretendientes de Lucy, Jack Seward, - ambos, médicos- ingresan en su alcoba. Seward queda azorado ante lo que ve. Van Helsing- un hombre de mundo y experto en el tema del nosferatu- no se escandaliza demasiado. Lucy se arquea en su lecho y gime. Uno de sus senos está al descubierto. Repentinamente- y justo cuando la chica está a punto de ser transfundida- irrumpe Arthur Holmwood, otro de los pretendientes. Golpea las puertas, grita desaforado y pregunta qué le están haciendo a su novia. Lucy no ha dejado de jadear en toda la escena, ya que ha tenido un interminable orgasmo, y podría decirse que cada uno de los hombres ha observado una actitud muy diferente ante el goce femenino aparentemente solitario, aunque propiciado un rato antes por un vampiro, un muerto- vivo, un proscripto al que todos odian. Las actitudes masculinas podrían encuadrarse en tres: el horror, la indiferencia y la violencia.

Video: DRÁCULA, DE BRAM STOCKER (Francis ford Coppola, 1992)

Lightbox Image