Una masculinidad heroica o las alas de Ícaro

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Desde una mirada deconstructivista, las identidades de género y las sexuales se desligan de su relación con la naturaleza y dan lugar a nuevos sexos, sexualidades y géneros. El cuerpo deja de ser entendido como ahistórico, como lo dado biológicamente y como la materia pasiva sobre la cual se proyectan las categorías de masculino y de femenino. La distinción sexo/ género entra en sospecha. Se transgrede el dualismo cuerpo/ mente. El cuerpo es objeto político, social, cultural y no una naturaleza pasiva y gobernada por la cultura. Para Judith Butler, en la conceptualización feminista, las relaciones entre sexo y género se encuentran recortadas por el par naturaleza/ cultura y se hallan vinculadas en demasía con el modelo jurídico del discurso, productor de los cuerpos sexuados. La identidad de género es un ideal regulatorio y normativo y en tanto tal, produce sujetos que intentan ajustarse a sus requerimientos, armonizando sexo, género y sexualidad. Son abyectos y pasibles de exclusión aquéllos para los que estas categorías se encuentran “desordenadas”. (Fernández, Josefina: 2003).

La identidad de género es un ideal regulatorio y normativo y en tanto tal, produce sujetos que intentan ajustarse a sus requerimientos, armonizando sexo, género y sexualidad.

Por otro lado –siguiendo a Foucault –, Esther Díaz (1993) sostiene que la sexualidad está siempre relacionada al poder. Si bien las prácticas sociales han ido cambiando con el transcurso del tiempo y por lo tanto, no pueden mantenerse discursos perimidos, lo que se cambia es el modo de enunciación – no lo que se enuncia – y se renuevan las estrategias.
En primera instancia – continúa la autora – para nuestras sociedades somos un sexo. Éste no consiste en un parámetro más del ser humano, sino que es aquello que lo constituye integralmente, su única razón de ser, una esencia, lo que determina el yo. Díaz propone comenzar a pensar en la posibilidad de identificarnos desde una pluralidad no especificada en lo sexual, de crear categorías nuevas, porosas, flexibles, cambiantes y de transformar los dispositivos. Por cada valor cancelado, emergen miles de otros en el torbellino de cambios suscitados en la Posmodernidad.

 

Masculinidad y temeridad

Icarus

Las representaciones culturales suelen reflejar las diferencias de género que pretenden ser naturales y promueven esa diferencia. El cuerpo masculino debe permanecer joven, bello, eficiente, a fin de ser deseado y ostentar el poder. La práctica de deportes, el uso de cosméticos, la ingesta de vitaminas, entre otras, constituyen prótesis imprescindibles para cualquier hombre del siglo XXI, sea hetero u homosexual. Nos habla de un retorno a la concepción fálica de la masculinidad hegemónica, la cual desecha todo rasgo de vulnerabilidad, castración, pérdida, fragilidad. (Cortés: 2003).

 

Las  guerras, los deportes de alto riesgo, el abuso de alcohol, drogas, y energizantes, las “picadas” (drag racing) de autos o de motos, la falta de uso de preservativos en las relaciones sexuales, entre muchas otras actividades, contribuyen al fortalecimiento de una imagen masculina, por la cual es imperiosa la confirmación de la valía, a través de la violencia, la fuerza y la agresividad, como decíamos más arriba. En relación a estas prácticas, Bonino Méndez (1994) habla de comportamientos temerarios, caracterizados por una exposición excesiva a situaciones de peligro de pérdida o de daño, sin medir las consecuencias. Se tiende a transgredir los límites y a desafiar la muerte. Dichos comportamientos usualmente no son considerados como trastornos o malestares psicológicos, sino que son naturalizados. El riesgo, la valoración de la sociedad– competitiva de por sí – y de los pares, y la búsqueda de prestigio constituyen algunas de las razones por las que se acometen estas proezas. Un hombre que se “precie” deberá poseer los valores de: independencia, ambición, valentía, justicia, sabiduría, racionalidad, autoconfianza. Deberá ser, lisa y llanamente, un héroe, un conquistador, un triunfador. Un Aquiles.