Una masculinidad heroica o las alas de Ícaro

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Los comportamientos temerarios necesitan de un público real o imaginario que evalúe la acción con un puntaje. Esto puede articularse con el pensamiento de Lacan para quien  el neurótico obsesivo se encuentra siempre en situación de pedir permiso, de buscar que  su deseo sea autorizado, legalizado y  el que, ante cierta situación de deseo en la que no sabe qué hacer, dirige su pregunta al Otro. A fin de obtener su permiso, tratará de conseguir méritos, a través de proezas que se efectuarán en el ámbito laboral, amoroso, deportivo, entre otros. Lo que importa en la hazaña no es el rival, sino el Otro invisible que opera como testigo y que computa.

La masculinidad – lo mismo que la feminidad– se adquiere, a través de un proceso de aprendizaje, en el que una es producto de la otra, puesto que la primera se define como la negación de la segunda y viceversa.

Para Esther Díaz (2010), los modelos que constituyen el imaginario social son generados por las mayorías que ejercen el poder. La noción de mayoría supone un estado de dominación en el cual el poder se consolida a partir de la imposición de un paradigma. Las minorías carecen de modelo propio, ya que también carecen de poder y deben plegarse al ideario vigente o pagar un alto precio por distinguirse de la “normalidad”. Por lo tanto, residen fuera del “mapa de poder”, pero no debido a su cantidad. Aún sin proponérselo, las minorías suelen efectuar aportes a la consolidación del modelo hegemónico, por ejemplo, cuando hay situaciones en las que la construcción de género es funcional al consumo. Uno de esos casos es el de la publicidad.

La masculinidad es un efecto de la cultura, una construcción o mascarada, no una “esencia” que define al hombre y que se eterniza más allá del momento socio-histórico, el espacio geográfico o la situación social que estudiemos y que, además se opone a la ‘esencia’ femenina.

Debo a un ex alumno mío de  la carrera de Publicidad el  ejemplo de la marca Red Bull, una bebida estimulante, que ha sido el disparador para la escritura de este artículo. Los comerciales del producto son muchos. Pero tomemos uno de ellos, del año 2013. En él, los protagonistas son todos hombres, los cuales realizan distintas prácticas físicas: alpinismo, surf, ala delta, moto-cross, basketball, rafting, break- dance, skateboarding, paracaidismo, clavado, esquí con wingsuit, entre otras. El spot cierra con la siguiente frase: Welcome to the World of Red Bull. (Bienvenidos al mundo de Red Bull) y su eslógan: Red Bull gives you wings (Red Bull  te da alas).  Su duración es de un minuto y en tanto avanza el anuncio, el ritmo se vuelve más y más vertiginoso. La canción, llamada Outro, de la banda M83, dice:  I´m the king of my own land/ facing tempests of dust/ I´ll fight until the end/ Creatures of my dreams: raise up and dance with me! / Now and forever/ I´m your king. (Soy el rey de mi propia tierra/ Enfrentando las tempestades del polvo/ Lucharé hasta el fin/  Creaturas de mis sueños: ¡levántense y bailen conmigo!/ Ahora y siempre/ Soy su rey).  Nada más apropiado: el varón que responde al modelo hegemónico es el Rey de la creación. Es el Hombre con mayúscula. Domina el Universo y a  todas las creaturas; nada puede detenerlo y luchará hasta quedar sin aliento, hasta su propia muerte. Además, una bebida estimulante puede otorgarle alas, algo que naturalmente no posee y que es característico de unas de las creaturas dominadas, las aves. Pero aquí está el peligro que no prevé: como Ícaro, sus alas  pueden derretirse y  puede hundirse por siempre en el mar.

 

 

*Licenciada en Letras y en Psicología (Universidad de Buenos Aires). Semióloga y Psicóloga con perspectiva en Estudios del Género. Maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad (Filosofía y Letras, U.B.A). Docente universitaria. Investigadora.