Un ensayo histórico para repensarnos como nación

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“No vamos a recorrer el pasado de los hombres y las mujeres como abstracciones atemporales y ageográficas. La historia es tiempo y lugar, es el hombre y su medio, tanto físico como cultural (su mundo). Por eso, el eje del relato será nuestro pueblo, sus luchas por sobrevivir, por crear a partir de lo dado.” De este modo, Luis García Conde nos presenta su perspectiva para abordar con una síntesis clara y bien lograda una mirada sobre nuestra historia.

Por Guillermo Ariza*

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“Argentina, una historia de frontera”,
de Luis García Conde

Este libro debería ser leído como bibliografía recomendada en el último año de todas las escuelas secundarias del país, en un momento en que la mente y el corazón están extraordinariamente abiertos a las ideas nobles y cuando la capacidad de organización del conocimiento se encuentra, justamente, en una fase preparatoria para lo que luego será una persona formada, con pensamiento propio.


No es sin embargo un texto escolar, aunque lo parezca en una primera aproximación a una obra que recorre el conjunto de la historia argentina brindando, como lo avisa su subtítulo, claves de interpretación para entender cómo fuimos constituyéndonos en la comunidad problemática que somos hoy.

Es un ensayo en toda la regla, un repaso prolijo y al mismo tiempo de síntesis, porque no se eterniza en descripciones sino que relata la sustancia de cada uno de los temas que propone al análisis: los procesos y etapas del poblamiento, los factores que modelaron las personalidades regionales, las decisiones de las élites que tuvieron efectos sobre las instituciones, y así sucesivamente, pero poniendo esos hechos y circunstancias en el propio contexto geográfico. Es decir, los emplaza sobre el territorio, que aún hoy, dos siglos después de haberse iniciado un estado independiente, sigue sin haber alcanzado un equilibrio en las presencias humanas y en las actividades que modifican al medio natural y a la propia sociedad, para su elevación a los mejores niveles de cultura material y espiritual que ofrece la civilización contemporánea.

Nuestra historia es tanto lo que se hizo como lo que se dejó de hacer, que gravita como un lastre y desafía al presente a dirimirlo. El relevarse las carencias junto con los malentendidos y los sectarismos, también afloran en la reflexión las tareas inconclusas que tal vez hoy, cuando se cuenta con mejores herramientas, puedan resolverse con menores costos que pesen sobre el conjunto social y especialmente graviten menos sobre los segmentos comunitarios más desfavorecidos.


Esta obra de Luis García Conde no es un inventario imposible de deudas históricas, sino una muy buena y sugerente lectura para repensar de dónde venimos, sin abandonar en ningún momento una mirada integradora. Destacando particularidades se registra también la riqueza de la totalidad. Se inscribe en la tradición intelectual en la que se destacó en su momento Hebe Clementi, historiadora que llamó la atención sobre las características de frontera, (con todo lo que ello implica), que tiene nuestra formación nacional, de modo similar, aunque con características propias, a lo que vivieron otros países hermanos del continente.