“Tendríamos que intentar evitar el conflicto dicotómico”

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De esta forma Alejandro Grimson advierte sobre la necesidad de desarrollar un pensamiento más complejo y evitar la trampa de creer que “todos los que están de un lado son A y todos los que están del otro son B”. “El lenguaje del binarismo no encaja en las formas en que las conflictividades democráticas se despliegan”, afirma el investigador social y autor de “Mitomanías argentinas”.

Por Ana M. Quiroga Larrieu* / Fotos: Marcela Casarino**

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“Las mistificaciones que se han edificado a lo largo de décadas en nuestra sociedad manipulan de manera burda los datos de la realidad, generando explicaciones erróneas que luego se trasladan activamente a prácticas económicas, institucionales, cívicas y políticas”, denuncia Alejandro Grimson en la introducción a su libro “Mitomanías argentinas”, y esa preocupación parecería impulsar su meticulosa tarea arqueológica sobre el lenguaje que los argentinos utilizamos para pensarnos y hablar de nosotros mismos de una manera que muchas veces no tiene correlato con datos objetivos ni con hechos históricos verificables.

 

En este libro, publicado hacia fines de 2012, su autor toma unas sesenta proposiciones presentes en el habla cotidiana -e incluso en argumentaciones supuestamente más refinadas-, reflexiona sobre sus orígenes y las desmiente desde la investigación surgida de las ciencias sociales. Así, una tras otra, derriba las mitomanías en torno a la patria, nuestra mentada decadencia, la Argentina como granero del mundo, los inmigrantes, el peronismo y otras tantas cuestiones, sobre las que, además, suelen afirmarse con el mismo vigor —“lenguaje grandilocuente”, apunta Grimson—, posiciones tan extremas que hacen imposible pensar la complejidad. En consecuencia, nos dejan atrapados en inconducentes dicotomías. Sobre algunas de esas mitomanías y la forma en que hoy se expresan en el discurso social, conversamos con Alejandro Grimson.

 

La letra partida: -¿De qué manera te parece que se puede contribuir a desarticular los mitos nocivos y quienes tendrían mayor responsabilidad en esa tarea?

Alejandro Grimson - Creo que a lo largo de la historia de una sociedad en distintos momentos se van construyendo algunas creencias que, de alguna manera, se encapsulan y sobreviven a determinados cambios económicos, sociales, culturales de esas sociedades. Lo que llamo “mitomanías” son esas pequeñas cápsulas que perviven y que en el caso de la Argentina, claramente están distorsionando una imagen de los argentinos sobre los propios argentinos. Hay una serie de esas mitomanías que hablan de nosotros de una manera muy distinta a lo que es la Argentina y a lo que somos los argentinos hoy. Muchas veces me han preguntado: “bueno, pero entonces si sobreviven esas cápsulas no se pueden cambiar” y yo creo que sí se pueden cambiar. Para cambiarlas el primer paso, que lo intento en el libro, es tomar distancia de nuestro lenguaje, una distancia reflexiva, crítica, que nos permita pensar sobre lo que habitualmente decimos de nosotros. A partir de tomar esa distancia creo que el rol principal lo tienen las políticas educativas, las políticas culturales y las políticas de comunicación. Puede haber programas de televisión, puede haber otras formas de narrar la Historia en la escuela, puede haber una serie de dispositivos que apunten a transformar esa visión que tenemos sobre nosotros mismos.


 LLP - Vos has señalado que existiría hoy un cansancio social en relación a la dicotomización que se da en el tratamiento de algunos temas. Esa dicotomización, ¿viene de tiempo atrás en nuestra historia o es de ahora?


AG - Posiblemente las dos cosas. Data de mucho tiempo atrás sin duda porque la cuestión de Buenos Aires, la aduana y los impuestos es de la primera mitad del siglo XIX, antes de los federales y los unitarios; después están los federales y los unitarios; después está el peronismo y el anti peronismo, y la cuestión de la capital y el interior siguió modelando mucho la cuestión. En relación a esto digo que si la Argentina se mide como capital e interior, faltan el 25% de los argentinos que están afuera porque viven en el Gran Buenos Aires. Además, la capital, ¿qué sería? ¿Recoleta o las villas miserias? Y el interior, ¿serían las elites provinciales o serían los sectores más marginados?