“Tendríamos que intentar evitar el conflicto dicotómico”

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Ahora, creo sinceramente que el problema que persistió a lo largo de las décadas fue la interpretación que un sector de la oposición profundamente europeísta hizo del peronismo catalogándolo como fascismo, que es la misma frase que estoy escuchando hoy sobre sobre la Argentina o sobre Venezuela o sobre otros países. Realmente eso es históricamente incorrecto, sociológicamente inaceptable, es realmente un obstáculo para entender las críticas genuinas y adecuadas que uno quiere hacer a cualquier proceso de este tipo. No estoy diciendo que esto sea perfecto ni nada por el estilo: lo que estoy diciendo es que el fascismo, que fue un fenómeno que emergió en Italia a partir de la marcha sobre Roma, de las camisas negras, del encarcelamiento de Antonio Gramsci y de los opositores, de la Segunda Guerra Mundial, etc., no tiene parangón con lo que se está viviendo hoy en Sudamérica. Se puede criticar, se puede disentir, pero una cosa es disentir y otra cosa es decir cualquier estupidez. La estupidez es un obstáculo para hacer una crítica adecuada, una crítica que dialoga con la sociedad, una crítica que pueda ser escuchada, que pueda tener repercusión.

 

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LLP Esto va en línea con una afirmación que hoy se escucha mucho y es que “estamos en una dictadura” ¿cómo evaluás esa frase?


AG - Creo que la frase "estamos en una dictadura" la puede decir alguien que nunca vivió en una dictadura o bien un hipócrita, porque los que vivimos una dictadura no podemos aceptar esa frase.


Vos fijate que en ese tipo de cosas: fascismo, dictadura, catástrofe, hay un rasgo del lenguaje político existente que es la grandilocuencia. Los argentinos somos grandilocuentes en nuestra manera de hablar, nos cuesta mucho hablar y buscar tonos intermedios, buscar con cuidado las maneras en que tenemos que entender los procesos en los que estamos inmersos, que entender los aspectos positivos, negativos, porque pensamos distinto como cualquier conjunto de ciudadanos del planeta. Nunca vamos a pensar todos igual, pero lo que podríamos hacer, que es a lo que apunta mi libro “Mitomanías”, no es pensar igual sino discutir nuestras diferencias de una manera menos grandilocuente.

 

LLP Hoy se esgrime muy frecuentemente la idea de “conflicto” como algo a lo que hay que temerle, como si del conflicto deviniera la destrucción. ¿Cómo te parece que, como sociedad, nos ubicamos frente al conflicto?


AG - Las sociedades democráticas tienen conflictos y tienen conflictividad. El conflicto social, el conflicto político es inherente a cualquier sociedad democrática. Nosotros lo que tendríamos que intentar evitar es el conflicto dicotómico, porque el conflicto dicotómico tiende a creer que todos los que están de un lado son A y todos los que están del otro son B, pero cuando nosotros revisamos las políticas reales, por ejemplo: qué opinan distintos sectores sobre el matrimonio igualitario o sobre la nacionalización de YPF, o sobre la estatización de las AFJP, nos encontramos con que no hay blanco y negro tan fácil de definir. Si introducimos otros temas como transporte público o el tema de la legalización del aborto también nos vamos a dar cuenta de que no es tan sencillo. A lo que nosotros tenemos que temerle es a que el conflicto se denuncie en el lenguaje ya característicamente argentino, que es el lenguaje del binarismo. El lenguaje del binarismo no encaja en las formas en que las conflictividades democráticas se despliegan, las conflictividades democráticas no se despliegan en bloques cerrados, se despliegan en bloques que se organizan en función de situaciones y de opiniones distintas sobre una política y otra política.