Buitres de hoy y de ayer

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Ni parecidos y bien diferentes

Hay que señalar, también, que una diferencia sustancial entre los buitres de hoy con los de otras épocas está marcada por la dimensión de sus acreencias y el peso relativo de éstas sobre la economía nacional. En épocas de De La Rúa-Cavallo, por ejemplo, las entonces aves de rapiña, con la ayuda de sus socios internos, eran acreedoras de una deuda cuyo volumen llegó a superar el 160% del PBI, con un perfil de vencimientos de corto y mediano plazo imposible de cumplir.


En aquellas circunstancias, el país había sido puesto de rodillas. Para evitar la catástrofe financiera que más tarde se produjo, cada cuota de respiro (que significaba no ya el ingreso de fondos líquidos sino el renegociar vencimiento tras vencimiento) costaba sangre, sudor y lágrimas. Es decir, la posición dominante de los acreedores sobre el país, que habían abultado sus acreencias cobrando intereses sobre intereses durante años, era determinante y totalmente excluyente. A ese punto habían llegado las cosas.

 

Y cada concesión, como se recordará, significaba una nueva hipoteca, cuya profundización hubiera llevado a la pérdida completa de nuestra soberanía monetaria a través de la dolarización o de la enajenación en una institución externa de las funciones del Banco Central, como proponían el propio Cavallo y muchos de los que hoy rinden cátedra contra las políticas del gobierno.

Los Buitres de hoy lejos están de detentar esa relación de fuerzas adversas a la Argentina. Sus acreencias representan, considerando el fallo del juez Griesa, algo así como el 15% de nuestro PBI. Y, aunque en medio de innegables dificultades, el país está lejos de la situación de quebranto y de asfixia financiera que, finalmente, lo llevó en 2001 al colapso.

Consecuentemente, es razonable pensar que la estrategia oficial, asentada sobre las bases de una economía mucho más sólida, debería llevar a superar esta circunstancia crítica y a imponer, finalmente, las condiciones de resolución positiva para el país de esta última prueba que debemos superar para dejar atrás, definitivamente, la historia trágica del endeudamiento externo.

 

Incluso en la hipótesis de que, con la ayuda de Griesa (un juez conocido por sus estrechos vínculos con los sectores más duros del Partido Republicano) los Buitres de hoy logren maximizar sus beneficios y llevar a Argentina a un acuerdo, (no declarado como tal, que represente condiciones diferenciales respecto a los bonistas que aceptaron los canjes con sus quitas), superando este escollo, Argentina, obtendrá un triunfo mucho más relevante desde el punto de vista histórico y de su futuro: el haber puesto punto final al proceso derivado de la crisis de la deuda y, lo que es tan importante como eso, recuperar la soberanía de su política económica y sus instrumentos esenciales.

 

Es decir, el haberse liberado de la extorsión, y normalizar su situación con el sistema financiero en condiciones muy favorables en cuanto a la ratio que representa la deuda externa respecto del PBI.