Buitres de hoy y de ayer

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Incluso cabe señalar que los interregnos breves de estabilidad, como ocurrió en los primeros años de la Convertibilidad, fueron verdaderos espejismos en relación al trasfondo del temporal que se estaba gestando y que, inevitablemente, llevaría al país a la quiebra y a la ruina, como finalmente sucedió luego de que se ensayaran en época de De la Rúa las dos operaciones financieras-contables más vergonzosas de las que se tenga memoria en las últimas décadas: el Blindaje y el Mega-canje.

 

Liquidado el patrimonio público y con una deuda superior al 160% de nuestro Producto Bruto Interno, con ramas enteras de la producción desquiciadas y con un desempleo galopante, los buitres de aquel entonces (que en su mayoría habían traspasado los títulos de la deuda a miles de pequeños ahorristas) ya no tenían motivos para sostener el castillo de naipes en que se había convertido la Argentina, todavía en pie gracias a las dosis de más y más endeudamiento.

 

Las calificadoras de riesgo fueron las encargadas de escribir el guión para que se desencadenara el acto final, cuya consecuencia no fue otra que empujar al país al default. Las tensiones acumuladas como consecuencia de una economía postrada y al mismo tiempo sometida a las exigencias de una deuda cuyo volumen y plazos de vencimientos eran imposibles de afrontar, provocaron el inmediato estallido una vez que el país dejó de recibir el oxígeno financiero internacional que, como un pulmotor artificial, prolongó la agonía por lo menos desde 1998 hasta el desenlace de la crisis de 2001.

 

El carácter sistémico de aquella crisis, como fue señalado por diversos autores, mostró hasta qué punto se había extendido el cáncer de la deuda, comprometiendo no sólo a la economía sino al conjunto de las instituciones, sin mencionar por supuesto lo efectos producidos sobre una sociedad empobrecida y sometida a la exclusión que empujó a más de la mitad de los argentinos por debajo de la línea de pobreza.

 

Ciertamente, el colapso, traducido en el default, no fue provocado por una coyuntura adversa sino que representó un "final de época", el punto culminante de un prolongado período durante el cual se desarrollo la denominada crisis de la deuda en la Argentina. Ese dispositivo que introdujo al país en el mecanismo de la usura en tiempos de la dictadura y que continuó, contradictoriamente, durante los primeros 20 años de democracia.

 

La toma de créditos, hacía ya muchos años, había dejado de ser un instrumento subordinado al desarrollo para pasar a ser un objetivo en sí mismo, cobrando vida propia e imponiendo su lógica, es decir, la lógica perversa al conjunto de la economía.

 

Y así fue como nos encaminamos hacia el colapso del 2001. De allí la importancia de no perder la memoria para no volver al pasado.

* Analista y consultor político