Sobre los significados de la designación del nuevo papa y sus impactos en Argentina y en América Latina

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Se tiene entonces otro proyecto de Iglesia que es volver a la anterior, con la misma estructura, la misma concepción. Para ello se contó, como se cuenta ahora, con un obispo con carisma, que sabe manejar los símbolos, que sabe actuar... De hecho, el polaco Wojtyla era actor, manejaba todos los símbolos, de modo que aparecía como un Papa progresista, lo mismo que Bergoglio.   
Se esconde entonces cuál es el proyecto de Iglesia que llevan adelante. Porque el proyecto de Iglesia está muy conectado con el proyecto económico y político que se motoriza desde el centro. Es decir, el proyecto de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, es el mismo que lideró Reagan, Thatcher y luego Bush. La relación entre Juan Pablo II y Reagan es muy conocida.  
En el momento en que se da el auge del neoliberalismo, en 1991, Juan Pablo II da a conocer la Encíclica “Centesimus Annus”, donde propone para el Tercer Mundo la economía libre de mercado como solución a los problemas. O sea, la convalidación absoluta del neoliberalismo como sistema económico.
Este proyecto de Iglesia de Juan Pablo II y de Benedicto XVI está ligado completamente al modelo neoliberal. Por eso, la crisis de la Iglesia coincide con la crisis del neoliberalismo. La renuncia de Benedicto XVI tiene que ver con la crisis que está viviendo Europa en este momento. Benedicto XVI con Wojtyla tienen el mismo proyecto de Iglesia. Ahora bien: son dos personas distintas. Hay un proyecto general, pero a su vez hay diferenciaciones, acentuaciones. Entre ellos dos, el que tiene más claro el proyecto de Iglesia es Ratzinger, que era quien consideraba que el Concilio Vaticano II había destruido la Iglesia y había que reconstituirla. Para hacerlo había que cortar toda esta masividad de la Iglesia. Ratzinger toma la concepción de Arnold Toynbee de que las sociedades son gobernadas por minorías creativas. Dice entonces que los cristianos tienen que pensarse como una minoría creativa, que se asiente sobre bases muy sólidas, sobre principios fundamentales, de los que no se puede claudicar de ninguna manera, totalmente severos. (...)

 

Creo que la primera parte la cumplió: la Iglesia de Ratzinger se hizo una minoría, la gente se fue. Pero la segunda parte no se cumplió. De hecho, vino la crisis del neoliberalismo, con una Iglesia reducida a lo mínimo. A su vez, este núcleo duro se le pudre completamente, con los pederastas, los chantajes sexuales, con los desfalcos económicos, el Vaticano como paraíso fiscal, el lavado de dinero, las luchas feroces internas. Entonces yo creo que Ratzinger siente que las fuerzas no le dan. Se siente viejo y elabora la sucesión (…)

 

Bergoglio no es que llega allá y de repente salió elegido. Van saliendo nuevos elementos que nos permiten estar seguros de que hubo un proyecto de recambio.(…)

 

El primer problema que tiene Bergoglio es el tema del Vaticano y las distintas conferencias episcopales. Tiene que poner algún tipo de orden ahí y eso significa entrar en las finanzas del Vaticano. Tiene que cortar cabezas. El asunto de la pederastia exige una limpieza a fondo. Por otra parte, ése es un problema sin solución en el seno de la Iglesia. Mientras la Iglesia no revise el tema del celibato, la pederastia es algo que va a ser continuo. (...)

 

El otro tema, que a nosotros nos interesa más, es cómo nos ubicamos nosotros en su proyecto. Hay una analogía que hacer con Juan Pablo II, quien tuvo entre sus misiones principales luchar contra el comunismo, contra los socialismos reales. El socialismo real de la URSS cuando asume Juan Pablo II ya prácticamente estaba caído, estaba carcomido, no resistía, bastaba empujarlo un poco para que se caiga. En ese sentido, la función de Juan Pablo II no fue demasiado costosa. Ahora, cuando asume Bergoglio, el problema está en Latinoamérica. Y el problema es el de los movimientos populares: el chavismo, el correísmo, el evismo. El socialismo comunitario de Venezuela, la revolución ciudadana de Correa...  
El proyecto de Bergoglio es el siguiente: Bergoglio siempre se ha preocupado por los pobres. Esto lo sabemos: iba a las villas, se preocupaba por los pobres, acogía a los curas villeros, se preocupó por el tema de Cromagnon. Es una faceta que hay que tener muy en cuenta. Esta faceta expresa un proyecto político. Y este proyecto político se puede enunciar de la siguiente manera: los pobres son de la Iglesia.
Y acá está el conflicto con los movimientos populares. Porque hay una disputa. Porque en el proyecto, por ejemplo, del chavismo, en primer lugar, no se habla de pobres: se habla de empobrecidos, de oprimidos. Porque los “pobres” parece que fueran ya una categoría natural. Existen pobres y existen ricos. (…)

Las políticas que hacen que los sectores sociales adquieran poder, que se construyan a sí mismos, van contra la política de la caridad. (…) 

(...) Hay una lucha por la hegemonía. (...) El poder popular es fundamental. (…)

(...) En la reunión que hicieron los cardenales antes del cónclave, Bergoglio elaboró un documento donde planteaba cuál debe ser la misión de la Iglesia. Tiene tres puntos:
El primero es que la Iglesia está para evangelizar: evangelizar es salir a disputar la hegemonía. Es decir, el proyecto de Iglesia, lo que es la pastoral, hay que salir afuera y disputarla afuera, construir la hegemonía afuera. En contra de la autorreferencialidad, en contra de una Iglesia que se mira el ombligo. Bergoglio dice que la Iglesia tiene que salir a evangelizar. Aquí entramos en conflicto de proyecto.  
Segundo, la Iglesia es evangelizadora en contra de la Iglesia mundana. Salir a evangelizar no es para aceptar el mundo, no es para aceptar las nuevas modas, no es para aceptar la nueva familia, la posibilidad del aborto, ya que eso sería la Iglesia mundana.  
Tercer aspecto fundamental para nosotros de este documento de Bergoglio: evangelizar la periferia. La periferia existencial, social y geográfica. La periferia existencial: es decir, evangelizar al ser humano en todo aquello que tiene de malo, toda la maldad que está en el ser humano. La periferia geográfica: acá está América Latina; y la social es, naturalmente, el pobre.