El destino de la tierra: un debate pendiente

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Por Luis García Conde*

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El loco Sarmiento observa los campos que rodean la laguna de Junín, en la provincia de Buenos Aires. La imagen de una soledad infinita, sin ninguna señal que recorte el horizonte pampeano, parecen no abatir al sanjuanino que luce en la foto bien plantado. ¿Cómo vencer al desierto? Se pregunta y responde: llenando el territorio de ciudades, de árboles y sembradíos, civilizando y cultivando las extensiones.

 

Sarmiento cree que un problema argentino está en el mal sistema de distribución de la tierra que ha mantenido despobladas enormes extensiones del país. Se quejaba: el lote legal de tierras de pastoreo es de media legua de frente y legua y media de fondo… El tiempo, el capital, el despojo, la herencia, la confiscación, el trabajo y la tiranía la han acumulado en porciones de cien, ochenta, cuarenta y diez leguas de superficie. Por eso pensaba que la tierra producía espontáneamente pasto, los animales se solazaban en ella sin trabajo ni cuidado, ¿Para qué labrarla? Un capataz bastaba para la guarda de los rebaños, ¿Para qué hacer casa?, las grandes propiedades ganaderas mantenían el territorio despoblado, sin gobierno, ni justicia, ni escuela.

 

 Hace más de un siglo, Sarmiento, de pie ante la inmensidad pampeana, se animó a polemizar, a preguntarse por el país del futuro..

 

Sarmiento estaba convencido de la necesidad de modernizar el país y para ello la sociedad criolla tradicional debía ser transformada. Quería forjar una nueva clase mayoritaria, progresista, con políticas de educación e inmigración y modificando la estructura de propiedad de la tierra. El latifundio ganadero era un obstáculo para el sueño moderno.

 

Las vacas dirigen la política argentina, se lamentaba Sarmiento y denunciaba: la cría del ganado, tal como se practica hoy, produce gobiernos que degüellan cuadrúpedos o bípedos indistintamente. Con dichas ideas en la mente impulsó la fundación de la Colonia Chivilcoy, a pocos kilómetros de la laguna cuya costa se ve en la fotografía, y la señaló como su proyecto político. Delineada en 1857, la colonia alcanzó verdadero impulso nueve años más tarde, al llegar a ella el Ferrocarril del Oeste. En 1868, en un discurso dado en la misma colonia y dirigido a los pueblos de la República, el sanjuanino dijo: “Chivilcoy es el programa del presidente Domingo Faustino Sarmiento. A los gauchos, a los montoneros y a todos los que hacen el triste papel de bandidos, porque confunden la violencia con el patriotismo, decidles que me den el tiempo (…), les prometo cien Chivilcoy en los seis años de mi gobierno y con tierra para cada padre de familia, con escuelas para sus hijos (…). Estos niños que me habéis mostrado, es la montonera de ayer, la patria de mañana, la república toda como Chivilcoy. He aquí mi programa.”