Fuera de la ley: ¿héroes o bandidos?

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Por Luis García Conde*

hormiga negra

Aunque ha pasado muy poco tiempo desde que salió en libertad, Guillermo Hoyo ha dejado de ser Hormiga Negra para ser el hombre hormiga, como lo llaman hoy, a causa de sus desvelos por trabajar de todos modos.
Y es hoy un vecino honrado y útil, al extremo de que nadie podrá sospecharse en el hombre hormiga, al antiguo Hormiga Negra.
Esto lo aseguran los mismos que se echaron a temblar cuando supieron que Hormiga Negra había vuelto al pago.


Con este párrafo concluye Eduardo Gutiérrez su novela Hormiga Negra, publicada en el diario La Patria Argentina, durante el año 1881, sobre la vida del paisano Guillermo Hoyos, famoso por sus crímenes y correrías.


En la foto, Hoyos monta un caballo criollo, algo viejo, bien tusado, ensillado sin recado, trenzados, ni platerías: se trata de un gaucho pobre. Aunque conserva una manera altiva en el montar, erguido, ya se le notan los inviernos. Aparenta ser un buen hombre, inofensivo. Transcurre el año 1912. Hormiga Negra, tiene 75 años y ha pasado varios años en la cárcel. Al fin, ya convertido en mito, vive tranquilo en los pagos de San Nicolás y allí va a terminar sus días.


Más que a sus andanzas, Hormiga Negra le debe la fama a Eduardo Gutiérrez (1851-1889), autor muy leído en su tiempo, tanto por los protagonistas que eligió como héroes para sus novelas, como por la forma en la que fueron dadas a conocer al público: los folletines.


Eduardo Gutiérrez, que se había iniciado como periodista en el diario de Mitre, La Nación Argentina, después de unos años en la milicia, retornó a las letras orientado al periodismo más popular de su época, publicando en La Patria Argentina.


Por entonces, los diarios solían incluir novelas de autores europeos, por entregas. Gutiérrez tomó el ejemplo, pero escribiendo sobre cuestiones locales y en un estilo periodístico, algo sensacionalista.

Para inspirarse indagó en los prontuarios policiales buscando sus temas y personajes. Gutiérrez, que pertenecía a las clases más altas de la sociedad, no eligió narrar las aflicciones de su medio social sino las desventuras de las campañas, aquellas que había conocido en sus tiempos fortineros.

La existencia de ladrones, asesinos, matones y cuchilleros ha sido recurrente en la literatura, simbolizan los rasgos más negados del ser humano y con ellos asoman las inconsistencias subterráneas de los sistemas políticos, económicos y sociales. Ponen en debate la sociedad, la justicia, el poder, los códigos morales y todo lo inherente a la convivencia entre seres humanos.

La serie de folletines que firmó entre 1879 y 1889 es larga, incluye títulos como Juan Moreira, Juan Cuello, Juan Sin Patria, Pastor Luna, Santos Vega, El tigre de Quequén, Los Hermanos Barrientos y Hormiga Negra, como novelas gauchescas; también un conjuntos de novelas históricas y relatos policiales. Varias de ellas fueron difundidas desde la escena teatral. El circo criollo de los Podestá llevó las historias de Eduardo Gutiérrez a todos los pueblos.