Samuel Kait

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Oriundo de Varsovia, Samuel Kait llegó a Argentina hace más de ocho décadas y su vida está signada por una militancia que lo llevó desde las filas del socialismo y el comunismo hasta el desarrollismo impulsado por Rogelio Frigerio y luego por Arturo Frondizi. Enfrentó las políticas de Gelbard, Martínez de Hoz y Domingo Cavallo, buscando siempre articular el esfuerzo de distintas agrupaciones empresariales y bregando por el fortalecimiento de la industria nacional.
Por Guillermo Ariza*

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Ese hombre mayor, bajito y calvo, que pasa lentamente caminando a nuestro lado en cualquier esquina de la ciudad de Buenos Aires, o que, con buen tiempo, puede estar sentado en el parque Centenario leyendo un libro, nada de extraordinario trasmite con sus gestos que nos ponga en alerta. Y, sin embargo, es dueño de una trayectoria singular, plena de sentido y sabor épico.

 

Aparenta una década menos de la edad que tiene – acaba de cumplir 90 años – y en él se resume la historia de millones de inmigrantes que llegaron a finales del siglo XIX y hasta bien entrado el XX. En sus modales corteses de hoy – no ha sido así siempre – y en la prudencia con que expresa sus opiniones se advierte, tras las primeras palabras, que no ha vivido en vano.

 

Desde 1978 se desempeña en la Unión Industrial Argentina, en el poco conocido y no por ello menos estratégico Comité de Encuadramiento, donde se determina mediante cuidadosas evaluaciones técnicas si una cámara o asociación empresaria tiene tal o cual peso en el tejido manufacturero argentino y por lo tanto cuantos serán sus representantes en la entidad fabril. Es un hombre de la casa, que conoce como pocos la historia del sector y cada una de sus ramas.

 

Kait es autor de un libro raro: Quién es quién en la defensa de la industria argentina, que ha distribuido a lo largo de lustros entre amigos y conocidos. El texto revela un profundo conocimiento de los entresijos de una institución que tiene una larga historia de luchas representativas. Es, probablemente, la obra más genuinas y menos sesgada de las no demasiado numerosas que se le han dedicado a este segmento decisivo de la actividad económica nacional.

 

Pero Samuel no siempre ha sido un referente de la industria y sus desvelos. Antes de eso, debió recorrer un largo sendero de espinas y rosas por él cultivadas.

 

Llegó en un barco en enero de 1929, con seis años y medio, desde la lejana y natal Varsovia, con su madre y dos hermanos. Los esperaba un padre que se ganaba honestamente la vida como vendedor ambulante y que ya se consideraba suficientemente establecido como para traer al Nuevo Mundo a sus seres queridos. Atrás quedaban generaciones de judíos laboriosos y nunca del todo asimilados a pesar de haberse desempeñado en la ingrata Polonia con la tenacidad que caracteriza a los hijos de Yahveh.

 

Paradojas bíblicas: su nombre de origen es Szepsel (Saúl), pero utilizó Samuel desde siempre. Eligió ser un profeta antes que un rey.