“La políticas de seguridad contribuyen a legitimar la criminología mediática”

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Y la quinta condición de precarización laboral te diría que es la radical imposibilidad de articular cualquier mecanismo de defensa de sus derechos al interior de la organización. Te diría mucho más que eso: la imposibilidad de recurrir a la autoridad superior en cualquier acto de injusticia que el policía subordinado entienda que se ha cometido con él. Los sistemas disciplinarios y los sistemas de control son mecanismos de cooptación sobre la instancia subalterna, sin revisión ni ningún tipo de queja. No hay preservación ni promoción de derechos, porque no existen efectivamente los derechos ahí adentro que no sean los derechos, solamente, vinculados y surgidos de la propia estructuración de una organización profundamente disciplinaria y jerarquizada.

Obviamente, no hay ningún tipo de posibilidad de asociación para poder sentarse con la patronal -que sería el comisariato o las autoridades políticas del área- a discutir y a negociar una pauta laboral, condiciones de trabajo, todo lo que mencionábamos entonces. Esto hace que el ámbito laboral sea un ámbito pre-peronista.

LLP: Justamente, mencionás el tema de la sindicalización. Vos has sido una de las primeras personas en plantear este tema en nuestro país. ¿Cómo ves la posibilidad de que se instrumente?

MS: Debería darse como una estrategia que terminara en la sindicalización, no que comenzara allí. Es todo un proceso donde lo que deberían cambiar son los derechos de los policías, trabajar sobre sus condiciones laborales. Por ejemplo, sería un gran avance que exista el ombudsman policial, que es una oficina donde el policía puede ir a reclamar por sus derechos y que yo establecí en la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Eso sería un paso inevitable. Porque lo que vos ves en las instituciones policiales es que hay un nivel de militarización tan grande que cuando levantaste la bota de la cabeza, debe darse todo un aprendizaje social y colectivo para convertirse en ciudadano.

En Argentina no hay experiencias de sindicalización. Lo que hay es un movimiento cada vez más creciente que yo denominaría asociacionismo policial, donde lo que empiezan a proliferar son formas de organización paralelas a las instituciones policiales que nuclean a personas retiradas, algunos que están en conflicto con la institución, o activos que a veces participan en estas asociaciones de manera clandestina, a veces de manera más abierta. Este fenómeno se replica en otros países de América Latina. En Brasil, por ejemplo, hay un grado de desarrollo de las organizaciones paralelas, que se autodenominan sindicatos -aquí también-, aunque legalmente no lo son. Pero que en el caso de Brasil tienen tal nivel de representación de las dotaciones de personal, fundamentalmente en los estratos subalternos, que las determinaciones que toman terminan tallando sobre el desempeño laboral de los policías activos, inclusive determinan huelgas. Entonces las autoridades políticas y las propias conducciones policiales están obligadas a negociar "por debajo de la mesa" con estas asociaciones que tienen el poder de determinar, de una semana para la otra la paralización del servicio policial o que los policías no vayan a trabajar. Con lo cual, ejercen una suerte de asociación sindical paralela informal.

Me parece que la Argentina que tiene una larguísima tradición de experiencias sindicales debería discutir seriamente el tema, la posibilidad de que los servidores públicos policiales empiecen a tener este tipo de cuestiones. Porque, entre otras cosas lo que vemos es que el mundo policial, al no tener la práctica del debate, la discusión, la elección, la capacitación de compañeros y la capacidad de articular intereses, no tiene destrezas para defender esto. Van a un conflicto con un conjunto de demandas y no tienen definida la salida del conflicto. En un conflicto se planifica el esquema de salida.

Estas condiciones de trabajo son condiciones absolutamente viables para el mantenimiento de las instituciones tal cual están. Tenemos policías funcionando por el grado de militarización y de control cooptativo sin contestación que tienen las cúpulas sobre el resto de la organización. Si no tuviéramos esas condiciones, no serían viables estas instituciones como organizaciones complejas. La militarización, la verticalización y la cooptación compulsiva, autoritaria, sin contestación de las cúpulas, es lo que hace que estas policías existan, laboren, que produzcan resultados que a las clases políticas les sirven porque son instrumentos absolutamente eficaz para disciplinar a los sectores populares, a los que sobran en la sociedad, a los que no tienen posibilidad de incorporación al sistema productivo, porque el trabajo sigue siendo el eje estructurante de la sociedad. Las policías son un gran instrumento de disciplinamiento, de control, de contención, represiva, negociada a veces, practicando una suerte de asistencialismo social fáctico, inclusive, y resolviendo conflictividades concretas en el microespacio social.

Y por otra parte son instituciones que tienen una enorme eficacia en el control de los delitos más complejos participando en ellos, que además les reportan fondos, en algún grado, para financiar lo que no puede el presupuesto. Porque gran parte de esa regulación policial del crimen les reporta una suerte de apropiación de la rentabilidad generada por esos negocios regulados por ellos. Entonces, estas instituciones y estas condiciones de trabajo son absolutamente funcionales a cierta gobernabilidad política sobre ciertas conflictividades. Eso es lo que hace que no haya reforma policial aquí en la Argentina. Y, a la inversa: la resistencia de la clase política argentina a abordar el tema. Fijate en la derecha, que tanto "panfletea" respuestas policialistas.... La resistencia a abordar la cuestión de las condiciones de trabajo de los policías, es una resistencia que responde a la necesidad de que no se viabilice esto que acabo de decir. Porque colocar las condiciones de trabajo de la policía como uno de los ejes de abordaje político, te obliga necesariamente a poner en tela de juicio para qué están la policía, para qué sirve y por qué son mecanismos eficaces de gestión y gobernabilidad de la seguridad.

Entonces, cuando nosotros colocamos el tema de las condiciones de trabajo de los policías, como ya no tenemos la esperanza de que la clase política entre seriamente a este tema, lo aborde seriamente, nuestro interés entonces es que la cosa venga por abajo. Porque el deterioro cada vez mayor y la toma de conciencia cada vez mayor de los sectores subalternos de la institución policial, hace que por allí pueda haber alguna posibilidad de cambio en todo esto.


LLP: Desde la CTA se ha planteado...

MS: Siempre. Pero fijate que cuando nosotros hicimos el seminario en la UMET (NR: Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo), no pudimos tener a ningún representante de la CGT hablando de este tema. Y no porque estén en contra, sino porque sencillamente no comprenden el tema, no lo han abordado, no lo han pensado, por eso no tienen ninguna resolución. Por eso no nos costó más que una llamada telefónica para tener a Hugo Yasky en ese panel, junto con un ex dirigente policial holandés, que sigue siendo oficial de la policía, y no hubo nadie sentado de la CGT.