“La políticas de seguridad contribuyen a legitimar la criminología mediática”

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“Los sectores populares son los que más violencia padecen”

LLP: ¿Te parece que como sociedad estamos en condiciones de pensar este tema, de la sindicalización?

MS: A la sociedad también le es funcional esta policía. En Mar del Plata, la gente protestaba por la policía bonaerense y los desmadres que producía. El Intendente Gustavo Pulti propuso armar una policía municipal, para lo cual necesitaba un aumento de la tasa -porque la policía no le transfería los recursos- del 16,5%. Eso hizo que la enorme mayoría de la sociedad marplatense se pronunciara en contra de la posibilidad de crear una policía municipal. Es una sociedad difícil, que quiere tener la policía sueca, pero pagar impuestos como Uganda. (NR: al momento de realizar la entrevista aún no se había tratado en la provincia de Buenos Aires el proyecto de ley de creación de policías comunales, que a la fecha avanza en la legislatura bonaerense).

La sociedad argentina tiene una visión extremadamente estatalista y policialista de la seguridad pública: que esto es un problema de resolución policial, que el estado lo tiene que resolver de manera unilateral... La sociedad argentina en su conjunto no cree que ella sea protagonista de hechos de inseguridad, y fundamentalmente los sectores medios y altos son los que producen el sentido común a través de la construcción  mediática de la inseguridad. Porque si vos hablás con cualquier miembro de los sectores populares, estructurados o no estructurados, tienen una mirada completamente distinta, y no se habla de "inseguridad" allí, y son los que más violencia padecen.

Violencia en el ámbito de sus hogares, de sus vecindarios, homicidios por riña, disputas por el control territorial. El discurso de la "inseguridad" es un discurso clasista de la clase media y alta, producido, reproducido y legitimado por los medios de comunicación. Y también por los gobiernos, incluso de izquierda o progresistas,  que sólo estructuran políticas para atender la conflictividad de los sectores medios y altos, y no de los sectores populares. Me da la impresión que esa mirada  de clase media es una mirada en donde siempre el problema y el origen de los delitos es de otros. Por ejemplo, en el caso del robo de autos, se desarman en los desarmaderos para vender autopartes a la clase media, pero eso no cuenta; los almacenes y las cocinas de drogas, que se establecen en determinados asentamientos o barrios carenciados -porque les garantizan a las organizaciones criminales mayor nivel de control y en la mayoría de los casos tienen protección del Estado a través del sistema policial-, no es para fabricar drogas para el consumo de esos barrios, sino para nuestros hijos de clase media.. Pero la clase media eso no lo ve. La clase media es productora de inseguridad.

LLP: ¿Qué opinión te merecen las políticas de seguridad en Argentina?

MS: En Argentina lo que se impuso como políticas de seguridad son, en realidad, estrategias de abordaje político de las problemáticas de la inseguridad. Que es algo distinto a lo que denominamos políticas de seguridad.

Una política de seguridad es un conjunto de estrategias tendientes a identificar conflictos e intervenir sobre ellos, para intentar distintas cosas: erradicarlos, atenuarlos, morigerarlos, atenuar sus consecuencias -porque ya sabés que no los podés erradicar-. Por ejemplo, una buena política de seguridad democrática sería: yo no puedo intentar reducir los consumos de droga para reducir el narcotráfico a cero, porque sé que en las sociedades cuando se instalan los consumos, no se reducen. Entonces, lo que voy a intentar es que las redes criminales que se dedican a esto no detenten, por ejemplo, el dominio militarizado de barrios populares. Es un objetivo. Trataré de que no haya una suerte de tráfico violento, regulado por relaciones criminales. No quiero que haya homicidios entre bandas. Entonces, gestionar seguridad pública, como hicieron los canadienses en Vancouver cuando las bandas se disputaban el control de los puntos estratégicos en la ciudad para reducir el consumo minorista de droga. La política no fue intentar parar el consumo, la política fue: habrá tráfico, pero no tiene que haber violencia ni conflictos armados por parte de grupos.

Eso para ponerte un ejemplo que una política de seguridad no necesariamente tiene que tener como objetivo “erradicar”. Podemos “erradicar” bandas de secuestradores y llevar la problemática a su punto cero. Pero no voy a poder “erradicar” robos; va a haber algún grado de asaltos, de robos, porque van variando las oportunidades, las circunstancias, los hechos.

Eso es gestionar seguridad pública: identificar los problemas, que es muy complejo, y a partir de esto, establecer una agenda de prioridades (algunos son prioritarios y otros no). Si lo miramos desde la perspectiva popular, a mí me parece un tema absolutamente sensible las violencias entre los sectores populares. Para mí sería prioritario, en una agenda de seguridad peronista sería así. En segundo lugar, el manejo de la sensación de inseguridad de los sectores medios. Pero yo, como peronista, le daría prioridad  a lo primero, porque sé que es lo más dañino, lo más letal. Y el tercer punto es cómo intervenir sobre ese conjunto de problemas: con qué recursos, de qué manera, con gestión social, con abordajes integrales vinculados a género, a consumo, a problemáticas de tráficos ilícitos, o utilizando el sistema penal, el sistema policial, etcétera, etcétera. Pero el objetivo de una política pública es siempre gestión de conflictividades. Significa que la sociedad aborda los conflictos y los trata de reducir, morigerar, atenuar, suspender, sopesar.

Lo anterior no es lo que se ha hecho en Argentina en los últimos años. Todos, todos, han hecho otra cosa. Han hecho lo que en un paper llamo política de surfeo, que es gestionar las conflictividades políticas derivadas de las demandas de protección de los sectores medios y altos, que es distinto. Porque una de las modalidades, de las estrategias surfistas de la seguridad es ocultar los problemas, para que no tengan impacto, para que no generen demanda. Entonces, es distinto gestionar conflictos que gestionar sensaciones o demandas, o problemas derivados de esto. En cuanto el tema se opaca en la agenda política, deja de estar en los abordajes en materia de seguridad pública. Esto es muy distinto de lo que son políticas sustantivas de seguridad.