Ciudad final, otra forma de narrar el femicidio

el .

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

LLP: ¿Cuál es la situación hoy?
Se siguen cometiendo crímenes y se siguen silenciando. Son poderes realmente opulentos los que manejan los hilos. Estamos viendo ahora lo que sucede en Iguala.


LLP: Hace muchos años, como bien vos reflejás en tu novela, que matan personas en México. Sin embargo recién en estos días los crímenes de Iguala despiertan especialmente la atención del gran público…
JM: Es que estos jóvenes eran "alguien".  Estaban estudiando. Fíjate que los buscaron en esas fosas y no eran ellos. Pero, ¿quiénes eran los que estaban en esas fosas? Hay dos palabras que describen esto en México: el "ningunear" y el "ser nadie". Si no eres nadie, no importa. Da igual que estés muerto que vivo que desaparecido.

“Las argentinas todavía llevan los tacones muy altos”

El objetivo de la visita de Josebe Martínez a Argentina fue propiciar la cooperación entre la Universidad de Buenos Aires y la Universidad del País Vasco para el intercambio estudiantil y académico y la realización de proyectos en común. Por otra parte, como integrante de un equipo de investigación que trabaja con la memoria y el concepto de víctima y de testigo, brindó una conferencia en el Instituto de Instituto de Literatura Hispanoamericana (UBA) sobre “El estado y la política del dolor en España y en México”.

Josebe Martínez ha impartido cursos de crítica literaria en el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer de El Colegio de México, en la Universidad de Miami, y en la Universidad de California. Además de “Ciudad final”, es autora de numerosas publicaciones que tienen a la mujer en el centro de la reflexión. Entre ellas, “Margarita Nelken” (Editorial Orto, 1997); “Las intelectuales, de la Segunda República al exilio (Premio Comunidad de Madrid 2002); “Exiliadas. Escritoras, Guerra civil y memoria” (Montesinos, 2007; “Las santas rojas. Sexualidad y poder en la II República (Flor del Viento, 2008).  En 1985 publicó su primera novela: “La fugitiva obscenidad de la reina.”

Se dice, por ejemplo, que si la mujer no trabajase no habría tanta crisis, porque habría más trabajo para los hombres.

LLP: A la luz de la expansión de los estudios de género en las últimas décadas, ¿cómo han impactado en las prácticas sociales, según tu experiencia?
JM: Si hablamos de España, a nivel académico se forma una atmósfera donde se teoriza y van surgiendo fórmulas para identificar identidades y para regular comportamientos humanos y para darles explicaciones filosófica, legal, literaria, jurídica, en todos los ámbitos discursivos. Las dos atmósferas interactúan. La reivindicación de los derechos tiene que ser sustentada con un marco teórico, unas prácticas jurídicas y un discurso que las sustente, y ese discurso se da en la Universidad, en la teoría.

Siempre hablando de España, otro factor es el gobierno. Depende de lo que legisle y qué actitud tenga en el ámbito de temas de género. En el gobierno de Zapatero por una parte había una elite de pensamiento que manejaba esos términos, había un ingreso de la mujer al trabajo y una clase media potente que podía reivindicar esos derechos. Y también un gobierno progresista que podía afianzar legal, constitucional y económicamente este esfuerzo. Y así se hizo. Aparecieron todo tipo de legislaciones con respecto al divorcio, a la tutela de los hijos, a la maternidad y al tiempo de excedencia, a la regulación salarial, y otros derechos.


LLP: Un gran salto…
JM: Sí, se había trabajado mucho desde el feminismo español durante la transición. En el País Vasco fue una transición muy enérgica. Allí ha habido siempre mucho movimiento obrero, y ese movimiento impulsó muchos derechos para el ciudadano y la ciudadana. La mujer vasca sí que ha roto muchas barreras.