“La socialdemocracia nunca se planteó el problema de la explotación capitalista”

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El psicoanalista y escritor argentino Jorge Alemán reflexiona en esta entrevista sobre psicoanálisis y política, la crisis en Europa y las experiencias políticas en América Latina. Expresa sus reservas sobre aquellas propuestas que niegan la representación, “evitando los antagonismos y la memoria histórica”.

Por María Luciana Cadahia* (Desde Madrid)

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Cuando en 1976 Jorge Alemán parte hacia el exilio, con apenas 25 años, ya había publicado varios libros de poesías. Uno de ellos, Sobre hospicios y expertos navegantes, obtuvo el Premio Nacional de Poesía del Fondo Nacional de las Artes. Con posterioridad, su pensamiento quedó plasmado en numerosas obras elaboradas desde el cruce entre psicoanálisis, política y filosofía (su libro más reciente, presentado en Buenos Aires, “Soledad común”). Desde Madrid –donde aún reside-, participó de grupos de psicoanálisis y fue un precursor de la corriente lacaniana en España. También dirigió diversas publicaciones sobre psicoanálisis, filosofía, política y poesía. Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España (ELP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), en 2004 fue nombrado Consejero Cultural de la Embajada Argentina en España. Laureado en numerosas ocasiones por su labor y sus aportes en el campo intelectual, en Argentina fue nombrado profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de San Martín.

 

Jorge Alemán, reconocido como Maestro por otros psicoanalistas e intelectuales, respondió a “La letra partida” una serie de preguntas en torno a la cuestión central de su reflexión–psicoanálisis y política-, y sobre la crisis europea y la singularidad de distintas experiencias políticas en América Latina.

 

La letra partida: Podríamos decir que la originalidad de su pensamiento consistiría en mantener una tensión irreductible y una contaminación constante entre la experiencia política y la práctica analítica del psicoanálisis ¿De qué se trataría este vínculo? Sobre todo después de las crítica de Deleuze y Foucault a la alianza Marx-Freud.

Jorge Alemán - El punto de partida fueron los trabajos sobre Lacan y Heidegger (extraídos de la operación de lectura de Heidegger sobre los presocráticos), a través de los cuales la “experiencia política” y “la práctica analítica del psicoanálisis” funcionaban como una relación de conjunción-separación. En ese contexto, y por razones de mi propio legado histórico, surgió la idea de pensar la "política"  por fuera de las determinaciones metafísicas del "consenso", de la "gestión" y de la "profesionalidad", ya que en ese esquema la política quedaba capturada por las estructuras de emplazamiento de la Técnica. De este modo, convocábamos a Freud (inconsciente) a Marx (la plusvalía) a Lacan (lo Real) y a Heidegger (la Técnica) para pensar lo "político", de la manera apropiada en la época del malestar en el Capitalismo.


Este enfoque, por tanto, se diferenciaba claramente del "freudo-marxismo" de los años 70, cuyos motivos fundamentales, a saber: la producción, la determinación en última instancia, el sujeto histórico, el corte entre la ciencia y la ideología, etc. merecían ser revisados radicalmente, sobre todo debía revisarse la semántica metafísica que los dominaba. Por ello, y asumiendo parcialmente algunas de las criticas de Foucault y Deleuze a la alianza ente Freud y Marx, fue especialmente gracias a Lacan que encontramos  a otro Freud y a otro Marx. Punto de partida desde el cual, incluso, contraatacamos el vitalismo ingenuo del deseo revolucionario del "esquizoanálisis" de Deleuze y las hermenéuticas del "dominio de sí" del último Foucault. Nunca hubo originalidad en esto, la que usted amablemente nos atribuye, pero es cierto que fue un camino singular y como usted dice habitado por tensiones irreductibles, no tanto entre la práctica psicoanalítica y la política, sino más bien entre lo que la práctica analítica enseña sobre la singularidad irreductible del "sujeto" (irreductible a cualquier dimensión colectiva construida en un orden homogeneizante) y la dimensión colectiva de la política (especialmente en su dimensión emancipadora).